Codeine

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Hay muchas maneras de llegar a un grupo. Esa canción que suena en la radio, la recomendación del amigo de turno o mediante la dura tarea de rastrear en busca de información en revistas o en la red. Yo llegué a Codeine a finales del '93 gracias a una versión. En la cara b del single 'Domestic Lies' de los bilbaínos El Inquilino Comunista se incluía, junto a una versión de The Breeders, una preciosa toma acústica de 'Pickup song', canción extraída del debut del grupo neoyorquino. Cuando al año siguiente apareció en el mercado su, a la postre, último disco, 'The white birch', no dudé ni un segundo. Y como pueden imaginar, de ahí a hacerse con el resto de su discografía, resta un suspiro.

Es posible que Codeine no inventasen el slowcore (ahí estaban Slint o Bitch Magnet/Seam, que junto a Joy Division o Galaxie 500 perfilan un posible background del grupo), pero sí lo llevaron a su máximo esplendor y acabaron con él (de ninguna manera se puede comparar lo que hicieron Codeine en su corta vida con la obra posterior de Bedhead, Idaho, Low, Early Day Miners, Ida y cientos más). Porque si el slowcore es hardcore a velocidad cero, el dolor encerrado en la contundencia de unos Big Black multiplicado por la deceleración de ritmo, entonces Codeine son slowcore y viceversa.

El trío formado por Stephen Immerwahr (voz, bajo), John Engle (guitarra) y Chris Brokaw (batería, sustituido por Douglas Scharin para el último disco) disfrutaba de la profundidad de cada punzada del bajo, de cada golpe de batería caído a plomo. Distorsión a cámara lenta, el sonido del vacío, de la soledad. Nadie lo consiguió hacer mejor en los '90, sólo Palace Brothers (de hecho los dos grandes de la década pasada en el arte de hacer a la música llorar).

Sus primeros pasos los dieron con la inestimable ayuda de Sooyoung Park, por aquel entonces al mando de Bitch Magnet, invitándoles a colocar su tema 'Pea' en un disco compartido, donde la banda de post-core incluía 'Valmead' (Codeine le devolvería el favor versioneando un tema de la siguiente banda de Sooyoung tras deshacer Bitch Magnet, el 'New year's' de Seam). Tras un par de singles más, llegarían sus dos grandes obras. 'Frigid stars' eran las canciones, y viendo lo que vino después, casi slowpop (porque Codeine, a diferencia de muchas bandas que abrazan la hiper-lentitud, hacen ante todo canciones y no simples devaneos sin fondo en pos de la desolación). Y 'The white birch'... bueno, 'The White birch' es una obra maestra total que en su mismo terreno sólo alcanzaron Red House Painters con su montaña rusa y Will Oldham buscando a alguien que cuidara de él. Cómprenlo, bájenlo y cuando los últimos segundos de 'Smoking room' resuenen en la habitación ya no hará falta discutirlo.


Discografía Recomendada

codeine :: frigid stars

Codeine

Frigid Stars

Sub-pop, 1991

'I want you to need me, not to feed me', grita Stephen mientras los instrumentos reptan con dificultad. Trece años y el disco suena como recién hecho. Sonido compacto y físico. 'Pickup song' y 'Pea' (ese 'I tried so hard' duele), dos enormes canciones llenas de agonía, de calma contenida y furia desbocada. Experimentos con los zumbidos de guitarra ('Second chance') y el anuncio de que podían sonar más lentos, más oscuros ('Cave in', 'Old things').

codeine :: barely real

Codeine

Barely Real

Sub-pop, 1992

Este ep largo para el mercado europeo tiene un poco de todo. Una versión de MX-80 Sound, David Grubbs solo al piano interpretando el boceto de lo que será 'Wird' y una 'Realize' que se editó como single y que se veía superada por su cara b 'Broken-hearted wine' (así de sobrados iban). Y como no, otras dos canciones para el recuerdo: 'Barely real' y sobre todo una 'Hard to find' que, como ha demostrado la versión de Styrofoam, es totalmente moldeable.

codeine :: the white birch

Codeine

The White Birch

Sub-pop, 1994

'Un barco blanco navega por un mar negro': es 'Sea', puerta de entrada a la única obra capaz de dar guerra al 'Spiderland' de Slint. Todavía más lentos, manejando los espacios y jugando con los grises, los silencios y el ruido. 'Loss leader' es un grito de auxilio desesperado. Lejos de casa, muy lejos. Morir en ciudades de hormigón y metal ('Vacancy') o en laberintos imposibles ('Wird'). Después de ocho canciones intachables, queda 'Smooking room', final que hiela la sangre y queda retenido en el corazón, fluyendo eternamente. Tras esto, hacer un disco de slowcore y perder el tiempo son sinónimos.

Por Mikel M. Sanz, 01.12.2003

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