Destacados Del 2005
Por Mikel M. Sanz
Tras un binomio 2002/2003 hiper-productivo (tres discos largos, dos ep's y multitud de temas en recopilatorios), Daniel Romero se lo ha tomado con calma para su disco de debut en spa.RK, dedicando todo el tiempo necesario a cada segundo de sonido. Además, ha recogido las virtudes de sus dos ep's (pocos temas pero cuidados al milímetro, un acabado homogéneo y casi temático) y las ha aplicado a un cuarto lp de minutaje clásico (recordamos que lo anteriores trabajos sobrepasaban, entre temas propios y remezclas, los sesenta minutos, lo que acababa distorsionando el resultado). Si a esta depuración formal añadimos un digipack de cuidado diseño, en total sintonía con el contenido, resulta casi un pecado no sumergirse en 'Paintings', vergel analógico digital del año.
Ya sea troceando las muestras sonoras en minúsculas partículas, a las que después aplicar un complejo ensamblaje de superposiciones microscópicas (un sólido armazón de sine waves, sutiles ritmos en segundo plano que avanzan con naturalidad y texturas procesadas) o jugando con pequeños bucles melódicos reconocibles (cima en el diálogo de guitarras, melódica y vibráfono del corte final), .tape. dibuja (nunca mejor dicho) un "wall of sound" de ambient orgánico placentero, un paraíso artificial acogedor.
Pero, más allá del proceso, lo que queda es el resultado: una música emocional y viva, evocadora y paisajista. Donde otros estrujan neuronas y software apuntando a la ciencia del sonido, .tape. (como a su manera hizo Phonophani con el sobresaliente 'Oak or rock" del pasado año, jugando con una paleta de sonidos rugosos y estridentes) apunta directamente al corazón, en diez cortes que funcionan por separado pero multiplican su valor como un todo. No es folk ni pop. No es post-rock ni digitalismo. No es Pascal Comelade ni The Microphones. No es Gastr del Sol ni Nobukazu Takemura, aunque bebe de todos ellos: 'Paintings' es la confirmación de una personalidad única rozando la perfección.
Tres individualidades para caer rendido: el sonido líquido y juguetón de los Mouse on Mars de "Autoditacker" en "With Paul" (aunque éste salpica todo el disco), el pop pluscuamperfecto en la gloriosa "The projectionist", con la voz invitada de Steven Scott de Text Adventure (segundo corte cantado tras el "Smoke resp" de su disco del 2003, "Postcards/Snowing biciclettes", y otra diana que le debería obligar a hacerlo más a menudo) y la anteriormente citada 'You've bought a minicity free of plastic squirrels". Disco del año.
Ya sea troceando las muestras sonoras en minúsculas partículas, a las que después aplicar un complejo ensamblaje de superposiciones microscópicas (un sólido armazón de sine waves, sutiles ritmos en segundo plano que avanzan con naturalidad y texturas procesadas) o jugando con pequeños bucles melódicos reconocibles (cima en el diálogo de guitarras, melódica y vibráfono del corte final), .tape. dibuja (nunca mejor dicho) un "wall of sound" de ambient orgánico placentero, un paraíso artificial acogedor.
Pero, más allá del proceso, lo que queda es el resultado: una música emocional y viva, evocadora y paisajista. Donde otros estrujan neuronas y software apuntando a la ciencia del sonido, .tape. (como a su manera hizo Phonophani con el sobresaliente 'Oak or rock" del pasado año, jugando con una paleta de sonidos rugosos y estridentes) apunta directamente al corazón, en diez cortes que funcionan por separado pero multiplican su valor como un todo. No es folk ni pop. No es post-rock ni digitalismo. No es Pascal Comelade ni The Microphones. No es Gastr del Sol ni Nobukazu Takemura, aunque bebe de todos ellos: 'Paintings' es la confirmación de una personalidad única rozando la perfección.
Tres individualidades para caer rendido: el sonido líquido y juguetón de los Mouse on Mars de "Autoditacker" en "With Paul" (aunque éste salpica todo el disco), el pop pluscuamperfecto en la gloriosa "The projectionist", con la voz invitada de Steven Scott de Text Adventure (segundo corte cantado tras el "Smoke resp" de su disco del 2003, "Postcards/Snowing biciclettes", y otra diana que le debería obligar a hacerlo más a menudo) y la anteriormente citada 'You've bought a minicity free of plastic squirrels". Disco del año.
Imagínate que Stephen Malkmus tuviese una cinta con canciones grabadas a escondidas en el estudio de su casa, pongamos que allá por el año '92-'93, entre los magnéticos 'Slanted & Enchanted' (Matador, 1991) y 'Crooked rain, crooked rain' (Matador, 1994). Una colección de bocetos esqueléticos, mínimamente ornamentados, pero con el encanto instantáneo que el ex-Pavement le daba a todo lo que tocaba por aquel entonces. Apetece, ¿verdad? Bueno, pues ya no hace falta que fuerces tu imaginación. El sello Own tiene el remedio: la edición europea del primer disco de The Dust Dive (el cd fue editado en USA a finales del 2004 por Free103point9 Records).
Con un presupuesto instrumental austero (guitarra eléctrica, violín, piano, órgano, voces y unos cuantos samplers sacados de las librerías de efectos de la BBC), las canciones del grupo originario de Olathe (Kansas), suelen nacer de una sencilla pero efectiva progresión (cuatro o cinco acordes arpegiados), a la que se le suman dibujos de violín y órgano, algún que otro efecto arty decorativo y unas voces entre el desencanto y lo naiff.
Se puede hablar de la Velvet Underground (el peculiar uso del violín, temas como 'I'd rather not know' o que el álbum en general suene como las míticas demos grabadas en el Loft de John Cale en la calle Ludlow), de la baja fidelidad de los Sebadoh pre-Bakesale, de los Sonic Youth de mediados de los '80 (la primera parte de 'Lost bird'), del folk-rock de Palace, Smog y compañía, de la Nico de 'Chelsea Girl' o de la que vino después ('Can't afford much money'), del folk psicodélico alucinado de Syd Barrett (el corte titular, 'Sirens in the park at 11')... pero la realidad es que el trío que forman Laura Ortman (prácticamente todos los instrumentos), Ken Switzer (órgano y segunda voz) y Bryan Zimmerman (fundador, voz, historias y posible líder) despierta sensaciones muy personales.
'Asleep or awake walk' es la obra íntima (música de alcoba gestada en un apartamento de Brooklyn) de un storyteller Nick Drakeiano, diseccionando las miserias y la normalidad de una vida cualquiera. Guárdalo muy cerca del corazón en los días tristes.
Con un presupuesto instrumental austero (guitarra eléctrica, violín, piano, órgano, voces y unos cuantos samplers sacados de las librerías de efectos de la BBC), las canciones del grupo originario de Olathe (Kansas), suelen nacer de una sencilla pero efectiva progresión (cuatro o cinco acordes arpegiados), a la que se le suman dibujos de violín y órgano, algún que otro efecto arty decorativo y unas voces entre el desencanto y lo naiff.
Se puede hablar de la Velvet Underground (el peculiar uso del violín, temas como 'I'd rather not know' o que el álbum en general suene como las míticas demos grabadas en el Loft de John Cale en la calle Ludlow), de la baja fidelidad de los Sebadoh pre-Bakesale, de los Sonic Youth de mediados de los '80 (la primera parte de 'Lost bird'), del folk-rock de Palace, Smog y compañía, de la Nico de 'Chelsea Girl' o de la que vino después ('Can't afford much money'), del folk psicodélico alucinado de Syd Barrett (el corte titular, 'Sirens in the park at 11')... pero la realidad es que el trío que forman Laura Ortman (prácticamente todos los instrumentos), Ken Switzer (órgano y segunda voz) y Bryan Zimmerman (fundador, voz, historias y posible líder) despierta sensaciones muy personales.
'Asleep or awake walk' es la obra íntima (música de alcoba gestada en un apartamento de Brooklyn) de un storyteller Nick Drakeiano, diseccionando las miserias y la normalidad de una vida cualquiera. Guárdalo muy cerca del corazón en los días tristes.
Scott Herren sigue sin darnos un solo año de descanso (agradecidos estamos) y acude a su cita anual con el estudio, esta vez con su proyecto más reconocido y orientado al hip-hop, Prefuse 73, aunque tanto el lado idm de Delarosa and Arosa como el folkie de Savath and Savalas acaba apareciendo en sus otros proyectos, siendo todas sus caras piezas intercambiables de un gran puzzle sónico.
Mientras en lo estrictamente musical continúa trabajando con un complejo mosaico de sonidos, de beats precisos, digitalismo depurado y polución sonora, en lo lírico, y sobre todo debido al hecho de ser un disco de colaboraciones (casi una por corte, cuando no varias), Scott dirige su ya conocido deshuese de minúsculos cortes vocales hacia unos horizontes más "estándar" de canción pop. Descrito por el mismo creador como la emisora radiofónica de su mente, 'Surrounded by silence' ofrece la base perfecta para el intérprete deseado, construcciones a medida donde todo encaja a la perfección, sin que ninguna de las dos partes pierda su identidad. Con intro e interludios barrocos y muy bien distribuidos (a veces se tiene la sensación de que con dos o tres de estos cortes otros construirían un álbum), el corpus del disco hay que ir a buscarlo al hip-hop futurista, crudo y oscuro de 'HydaYaFace' (El-P y Ghostface Killa), 'Just the throught' (los Wu Tang Masta Killa y GZA) y 'Sabbatical with options' (Aesop Rock desde Deff Jux al micro). Sin perder punch urbano, inserta soul en 'Morale crusher' (con el ex-Anti Pop Consortium Beans), el r&b bizarro de 'Now you're leaving' y el pop del mañana de 'We go our own way' (Kazu de Blonde Redhead cantando).
Además, no olvida su vertiente glitch-folk-pop, siempre con el laptop hip hop como referente, y nos regala cuatro nuevas joyas, dos de la mano de la gemelas Claudia y Alejandra Deheza (del trío On!Air!Library!), una con los chicos de Tomlab The Books, metiendo alternative lo-fi country, y un cierre pletórico con Broadcast, Cafe Tacuba y su alias Piano Overload, juntos y revueltos, en la angelical 'And i'm gone'. Su lado experimental queda representado en el preciso trabajo de corta y pega con Tyondai Braxton, Pedro y DJ Nobody.
Una más que probable continuación ya está en marcha, incluyendo el material que, por motivos de espacio, no ha podido ser editado aquí (feats de, entre otros, Tunde de TV On The Radio, Madlib o Four Tet). Pero eso será otra historia. Pese a no alcanzar la carga histórica (top ten de la década, seguro) y cualitativa de su debut, por ahora, bastante tenemos con digerir semejante caudal creativo.
Mientras en lo estrictamente musical continúa trabajando con un complejo mosaico de sonidos, de beats precisos, digitalismo depurado y polución sonora, en lo lírico, y sobre todo debido al hecho de ser un disco de colaboraciones (casi una por corte, cuando no varias), Scott dirige su ya conocido deshuese de minúsculos cortes vocales hacia unos horizontes más "estándar" de canción pop. Descrito por el mismo creador como la emisora radiofónica de su mente, 'Surrounded by silence' ofrece la base perfecta para el intérprete deseado, construcciones a medida donde todo encaja a la perfección, sin que ninguna de las dos partes pierda su identidad. Con intro e interludios barrocos y muy bien distribuidos (a veces se tiene la sensación de que con dos o tres de estos cortes otros construirían un álbum), el corpus del disco hay que ir a buscarlo al hip-hop futurista, crudo y oscuro de 'HydaYaFace' (El-P y Ghostface Killa), 'Just the throught' (los Wu Tang Masta Killa y GZA) y 'Sabbatical with options' (Aesop Rock desde Deff Jux al micro). Sin perder punch urbano, inserta soul en 'Morale crusher' (con el ex-Anti Pop Consortium Beans), el r&b bizarro de 'Now you're leaving' y el pop del mañana de 'We go our own way' (Kazu de Blonde Redhead cantando).
Además, no olvida su vertiente glitch-folk-pop, siempre con el laptop hip hop como referente, y nos regala cuatro nuevas joyas, dos de la mano de la gemelas Claudia y Alejandra Deheza (del trío On!Air!Library!), una con los chicos de Tomlab The Books, metiendo alternative lo-fi country, y un cierre pletórico con Broadcast, Cafe Tacuba y su alias Piano Overload, juntos y revueltos, en la angelical 'And i'm gone'. Su lado experimental queda representado en el preciso trabajo de corta y pega con Tyondai Braxton, Pedro y DJ Nobody.
Una más que probable continuación ya está en marcha, incluyendo el material que, por motivos de espacio, no ha podido ser editado aquí (feats de, entre otros, Tunde de TV On The Radio, Madlib o Four Tet). Pero eso será otra historia. Pese a no alcanzar la carga histórica (top ten de la década, seguro) y cualitativa de su debut, por ahora, bastante tenemos con digerir semejante caudal creativo.
Aunque al oído pudiera parecer japonés, la persona detrás de Semuin no lo es. El alemán Jochen Briesen maneja con gran pericia los ingredientes básicos de la folktrónica (tratamiento de elementos de procedencia acústica con herramientas digitales, grabaciones de campo, intimismo...) en un primer disco para Audio Dregs altamente recomendable.
Sin llegar al acabado deslavazado y extremadamente caprichoso de los discos de Yuichiro Fujimoto, el berlinés ofrece temas que, aunque no son pop, siguen sus parámetros de la mano de la baja fidelidad, la música concreta, el folk y la electrónica.
Un nuevo artista en la senda de Pandatone, Piana, Minamo, Fonica, Shugo Tokumaru, Lullatone o Greg Davis (quien masteriza el disco), que se mueve con soltura entre (y es la suma de...) vibráfonos que caen como gotas de agua ('Uppland', la extensa 'Lok' y sus fraseos de trompeta sepultados por texturas gaseosas), pop envuelto en ruidos y voces glitcheadas ('Lktubii'), suaves guitarras folkies ('Sign', directamente John Fahey sin la parte final o 'Gries', con la melódica destilando melancolía y arrítmicas palmas finales) y ondas senoidales (la despedida en 'Kendiha').
Sin llegar al acabado deslavazado y extremadamente caprichoso de los discos de Yuichiro Fujimoto, el berlinés ofrece temas que, aunque no son pop, siguen sus parámetros de la mano de la baja fidelidad, la música concreta, el folk y la electrónica.
Un nuevo artista en la senda de Pandatone, Piana, Minamo, Fonica, Shugo Tokumaru, Lullatone o Greg Davis (quien masteriza el disco), que se mueve con soltura entre (y es la suma de...) vibráfonos que caen como gotas de agua ('Uppland', la extensa 'Lok' y sus fraseos de trompeta sepultados por texturas gaseosas), pop envuelto en ruidos y voces glitcheadas ('Lktubii'), suaves guitarras folkies ('Sign', directamente John Fahey sin la parte final o 'Gries', con la melódica destilando melancolía y arrítmicas palmas finales) y ondas senoidales (la despedida en 'Kendiha').
Tras el giro total que el ex-Flying Saucer Attack dio a su música con el enorme 'The mess we made' (Domino, 2003), con este segundo capítulo a su nombre, Matt Elliott da un paso más hacia la libertad total al desatarse de todo compromiso editorial o contrato, y publicar su obra en diferentes sellos que se presten a ello (Acuarela ha sido la afortunada en España).
'Drinking Songs' ha de entenderse como la segunda parte de aquel regalo sublime, ya que hace uso de las mismas herramientas (guitarra, piano, voz gaseosa y duplicada, adornos de violín y vibráfono) y los mismos parámetros narrativos (oscuridad, drama, tragedia) para conseguir, lo acertaron, otra obra maestra.
Aunque guarda similitudes con el Tom Waitts más aguardentoso, los recursos expresivos de Peter Hammill (evidente en el tratamiento de la voz), cierto aire a Leonard Cohen o el ambient-folk sensorial de Robert Wyatt, estas dos caras de la misma moneda que son 'The mess we made' y 'Drinking songs', presentan un nuevo género imposible que únicamente el hombre de la fundación del tercer ojo parece saber llevar a cabo. Con picos como 'The kursk' (espeluznante visualización de un naufragio en alta mar), el 'an eye for an eye only leaves us blind' de 'What's wrong' (Nick Cave hasta las cejas de vodka en una taberna rusa) o la integración del drum'n'bass en su nuevo corpus musical (los veinte minutos de 'The maid we messed'), estas canciones para beber han de ser dosificadas y administradas en momentos puntuales y en el entorno adecuado, de otra manera, lo más sencillo para el oyente será llegar a conclusiones equivocadas. Todo un error ante un disco inabarcable que no deja de ofrecer nuevos matices.
'Drinking Songs' ha de entenderse como la segunda parte de aquel regalo sublime, ya que hace uso de las mismas herramientas (guitarra, piano, voz gaseosa y duplicada, adornos de violín y vibráfono) y los mismos parámetros narrativos (oscuridad, drama, tragedia) para conseguir, lo acertaron, otra obra maestra.
Aunque guarda similitudes con el Tom Waitts más aguardentoso, los recursos expresivos de Peter Hammill (evidente en el tratamiento de la voz), cierto aire a Leonard Cohen o el ambient-folk sensorial de Robert Wyatt, estas dos caras de la misma moneda que son 'The mess we made' y 'Drinking songs', presentan un nuevo género imposible que únicamente el hombre de la fundación del tercer ojo parece saber llevar a cabo. Con picos como 'The kursk' (espeluznante visualización de un naufragio en alta mar), el 'an eye for an eye only leaves us blind' de 'What's wrong' (Nick Cave hasta las cejas de vodka en una taberna rusa) o la integración del drum'n'bass en su nuevo corpus musical (los veinte minutos de 'The maid we messed'), estas canciones para beber han de ser dosificadas y administradas en momentos puntuales y en el entorno adecuado, de otra manera, lo más sencillo para el oyente será llegar a conclusiones equivocadas. Todo un error ante un disco inabarcable que no deja de ofrecer nuevos matices.
Gran salto cualitativo el que ha dado Cécile Schott con su segundo disco para Leaf, al cambiar la secuencia de samplers que convertían su debut 'Everyone alive wants answers' (Leaf, 2003) en una especie de versión pop del experimental 'Canaxis' (1969) de Holger Czukay, por una instrumentación real y cálida (un arsenal acústico que comprende de guitarras, melódica, cello, cajas de música, metalófonos, gamelán y un largo etcétera), que multiplica la belleza de sus envolventes piezas.
'The golden morning breaks' es un sueño que se remonta muy hacia atrás en el tiempo (la propia Cécile habla del Gamelán Indonesio o de la música de finales del siglo XVI de John Dowland) para traernos al presente el mejor disco de ambient folk posible para este 2005 (el reverso emocional del más contemplativo 'Le fumeur de ciel' de Julien Neto).
Aplacando el acabado mecánico (el trabajo con fríos loops sampleados) que mermaba su primer disco, la francesa abre alas y teje un sonido que, aunque en esencia este claramente conectado con su anterior obra, se desarrolla ahora natural, libre, sin principio ni fin. Un magnético motivo melódico, envuelto en capas de melancolía (y filtros varios), sirve para capturarnos a las primeras de cambio (la inicial 'Summer water' o su hermana 'Bubbles which on the water swim'). Bien mediante composiciones crudas y tímidamente ornamentadas, donde el instrumento es el eje central (las campanillas de 'The heart harmonicon' y 'Mining in the rain') o con el trabajo de superposición de texturas acústicas retroalimentadas (la miniatura 'Floating in the clearest night', las cajas de música de 'I'll read you a story' envueltas en delays o los dos extensos cortes finales), el segundo disco de Colleen crece con cada escucha en un proceso orgánico similar al que alimenta sus diez hermosos cortes.
'The golden morning breaks' es un sueño que se remonta muy hacia atrás en el tiempo (la propia Cécile habla del Gamelán Indonesio o de la música de finales del siglo XVI de John Dowland) para traernos al presente el mejor disco de ambient folk posible para este 2005 (el reverso emocional del más contemplativo 'Le fumeur de ciel' de Julien Neto).
Aplacando el acabado mecánico (el trabajo con fríos loops sampleados) que mermaba su primer disco, la francesa abre alas y teje un sonido que, aunque en esencia este claramente conectado con su anterior obra, se desarrolla ahora natural, libre, sin principio ni fin. Un magnético motivo melódico, envuelto en capas de melancolía (y filtros varios), sirve para capturarnos a las primeras de cambio (la inicial 'Summer water' o su hermana 'Bubbles which on the water swim'). Bien mediante composiciones crudas y tímidamente ornamentadas, donde el instrumento es el eje central (las campanillas de 'The heart harmonicon' y 'Mining in the rain') o con el trabajo de superposición de texturas acústicas retroalimentadas (la miniatura 'Floating in the clearest night', las cajas de música de 'I'll read you a story' envueltas en delays o los dos extensos cortes finales), el segundo disco de Colleen crece con cada escucha en un proceso orgánico similar al que alimenta sus diez hermosos cortes.
Si la (muy) grata sorpresa del año pasado desde Type fue la presentación en sociedad de un gran artista como Khonnor y su disco 'Hadwritting', este año, sin duda, la palma se la lleva el parisino Julien Neto y su álbum de debut 'Le fumeur de ciel'.
Partiendo de muy atrás, desde Brian Eno ('Sketch' retoma el trabajo que el ex-Roxy Music llevó a cabo con Bowie para la cara b de Low), Julien recorre casi todos los parajes por los que ha transitado la música ambient en los últimos 30 años, entregando un trabajo uniforme y compacto, un todo (esa portada) diseñado para ser disfrutado a solas, en plena madrugada.
Ya sea incrustando rítmicas en segundo plano, herederas de los cliks'n'cuts ('Musicbox', 'Questionable things'), insertando secuencias glitcheadas ('IV') o acudiendo al downtempo más estándar (la más floja del cd, 'VI'), el elemento diferenciador acaba siendo ese cuerpo envolvente cargado de mantos gaseosos, texturas vaporosas, recovecos de calor digital, reverberación, eco y ensoñación, que consiguen aislarnos en una burbuja de paz (el último corte del cd, 'Farewell', resulta un esclarecedor resumen de todo lo apuntado). Si consigues dormirte con 'Le fumeur de ciel', será únicamente porque tienes sueño.
Ya sea incrustando rítmicas en segundo plano, herederas de los cliks'n'cuts ('Musicbox', 'Questionable things'), insertando secuencias glitcheadas ('IV') o acudiendo al downtempo más estándar (la más floja del cd, 'VI'), el elemento diferenciador acaba siendo ese cuerpo envolvente cargado de mantos gaseosos, texturas vaporosas, recovecos de calor digital, reverberación, eco y ensoñación, que consiguen aislarnos en una burbuja de paz (el último corte del cd, 'Farewell', resulta un esclarecedor resumen de todo lo apuntado). Si consigues dormirte con 'Le fumeur de ciel', será únicamente porque tienes sueño.
Jamie Stewart y Caralee McElroy ya se encargaron de dejarnos con la boca abierta el año pasado con el irresistible 'Fabulous Muscles' (los predecesores 'Knife Play' y 'A Promise', aunque poco pulidos, eran muy buenas pistas, eso sí). Así que para este cuarto larga duración, encontrada la fórmula perfecta, no había necesidad de dar un giro radical a su ya de por si singular propuesta. Pero no se asusten, 'La forêt' no es exactamente un 'más de lo mismo' o una revisión complaciente de su disco del 2004, en todo caso, una confirmación de su actitud ante la creación musical: visceral, sincera, cruda... y además accesible, pop (he aquí la diferencia con sus dos primeras entregas).
Tenemos ante nosotros una nueva ración de baladas oscuras y de desarrollo cinematográfico ('Clover', 'Mousey toy', 'Rose of Sharon' y 'Ale' utilizan los instrumentos, los arreglos y las descargas de ruido casi como elementos puramente narrativos), perlas de art-pop llevadas por la hiper-expresiva voz de Jamie ('Muppet face', 'Bog People' o ese Joy Division meets Disco Inferno que es 'Pox'), retornos primitivistas (las ruidistas 'Saturn' y 'Yellow Raspberry') y nanas electrificadas ('Baby captain'). Xiu Xiu son reconocibles a millas, y en su peculiaridad y talento innato reside su éxito.
Tenemos ante nosotros una nueva ración de baladas oscuras y de desarrollo cinematográfico ('Clover', 'Mousey toy', 'Rose of Sharon' y 'Ale' utilizan los instrumentos, los arreglos y las descargas de ruido casi como elementos puramente narrativos), perlas de art-pop llevadas por la hiper-expresiva voz de Jamie ('Muppet face', 'Bog People' o ese Joy Division meets Disco Inferno que es 'Pox'), retornos primitivistas (las ruidistas 'Saturn' y 'Yellow Raspberry') y nanas electrificadas ('Baby captain'). Xiu Xiu son reconocibles a millas, y en su peculiaridad y talento innato reside su éxito.
Nos encanta Eric Gamboa... y no es para menos... "two years off", su debut para Soundsister bajo el seudónimo de e. lebleu nos ha golpeado en toda la cara como una suave e inquietante brisilla, de éstas que se agradecen en pleno verano, you know. Entre el indie songwriting habitacionero y el laptop folk experimentador... intimista, melancólico y muy paisajístico... ¿a que imágenes estará intentando ponerles música?
Supongo que serán parecidas a las de apestaartje, active suspension, audiodregs, plop... digitalismo que bebe del folk y del recogimiento, con field recordings que suenan a tristeza e instrumentos tradicionales que divagan entre un laptopismo susurrante y aterciopelado. Masterizado por Childs (otros que nos encantan...) y con un diseño de lo más bonito y cuidado. I love it!
Supongo que serán parecidas a las de apestaartje, active suspension, audiodregs, plop... digitalismo que bebe del folk y del recogimiento, con field recordings que suenan a tristeza e instrumentos tradicionales que divagan entre un laptopismo susurrante y aterciopelado. Masterizado por Childs (otros que nos encantan...) y con un diseño de lo más bonito y cuidado. I love it!
Como diría mi amigo Piter: "acojona, ¿eh?". Pues sí... acojona. Y es que en cuanto uno empieza a recapitular y se da cuenta de la cantidad tan exagerada de cosas que nos ha dejado oír el señor Roux en poquito más de un año, y encima sin bajar el listón ni una décima (¿tú no duermes, Sebastien?) pues... acojona, sí.
Para empezar, el "Pillow" (Apestarartje, 2004), luego jugueteando en Arden ("Conceal", Stilll 2005) con Sogar, Akiyama, Amute, etc. Después el disco de Heller junto a Eddie Ladoire para Optical Sound, luego el disco éste de lo más chulo con el Greg Davis (voy a presuponer que los lectores de este glorioso e-zine ya sabemos muchas cosas sobre el buen hacer del señor Davis) y... esperamos acojonados... sí sí, acojonados!!! su nuevo disco para 12k. Pfff... lo mejor es que todavía le ha sobrado tiempo para currar en el ircam.
Y yo que me creía prolífico con mis cositas... en fin, hecha ya la intro tan sólo nos queda centrarnos en "Paquet Surprise", que además de tener una de las mejores portadas del año, es uno de esos discos que nos encantan a los colaboradores de este santo e-zine... ¿que por qué?, pues mira... para empezar rebosa dispersión, así como dejándose llevar... oleadas de loops que mutan, de lo digital-poético-abstracto-dsp "toma patch del max dame más" a lo pastoral, del ruidismo a lo minimal, de las burbujas a las guitarras... así como quien no quiere la cosa y ni le importa. Maravilloso para tomarte un cafetito leyendo algo, tener sexo seguro o internetear plácidamente. No distingo bien donde mete mano Roux y donde Davis, supongo que han ido a saco cambiándose loops y jodiendo uno los sonidos del otro, muy divertido. Pues eso, que nos encanta y que nos mola este rollito. Por cierto, ¿os he dicho que vi el otro día a a Roux en directo?... fantástico... solos de batería procesada, patches de max con notas de piano en random, electrónica emotiva tipo Plop y unos cuantos temitas de electroacústica "seria". Genial. Que grande la intro...
Para empezar, el "Pillow" (Apestarartje, 2004), luego jugueteando en Arden ("Conceal", Stilll 2005) con Sogar, Akiyama, Amute, etc. Después el disco de Heller junto a Eddie Ladoire para Optical Sound, luego el disco éste de lo más chulo con el Greg Davis (voy a presuponer que los lectores de este glorioso e-zine ya sabemos muchas cosas sobre el buen hacer del señor Davis) y... esperamos acojonados... sí sí, acojonados!!! su nuevo disco para 12k. Pfff... lo mejor es que todavía le ha sobrado tiempo para currar en el ircam.
Y yo que me creía prolífico con mis cositas... en fin, hecha ya la intro tan sólo nos queda centrarnos en "Paquet Surprise", que además de tener una de las mejores portadas del año, es uno de esos discos que nos encantan a los colaboradores de este santo e-zine... ¿que por qué?, pues mira... para empezar rebosa dispersión, así como dejándose llevar... oleadas de loops que mutan, de lo digital-poético-abstracto-dsp "toma patch del max dame más" a lo pastoral, del ruidismo a lo minimal, de las burbujas a las guitarras... así como quien no quiere la cosa y ni le importa. Maravilloso para tomarte un cafetito leyendo algo, tener sexo seguro o internetear plácidamente. No distingo bien donde mete mano Roux y donde Davis, supongo que han ido a saco cambiándose loops y jodiendo uno los sonidos del otro, muy divertido. Pues eso, que nos encanta y que nos mola este rollito. Por cierto, ¿os he dicho que vi el otro día a a Roux en directo?... fantástico... solos de batería procesada, patches de max con notas de piano en random, electrónica emotiva tipo Plop y unos cuantos temitas de electroacústica "seria". Genial. Que grande la intro...
Instalado cómodamente en el estadio de la inmortalidad desde hace años, Will Oldham sigue dando forma a una obra atemporal y profunda. En su cuarto movimiento como Bonnie 'Prince' Billy, se ha hecho acompañar por el guitarrista Matt Sweeney (Skunk, Zwan, Chavez y colaborador de artistas como Robert Pollard o Cat Power), quien se ha encargado de poner música a las letras que nuestro hombre le iba enviando.
Es por lo tanto 'Superwolf' un trabajo sustentado en la guitarra (eléctrica casi siempre) de Matt. Los temas giran en torno a un rock de maneras clásicas ribeteado por apuntes de country y folk (Neil Young y Bob Dylan sobre todo).
Prevalecen unas canciones de tono oscuro y tempo lento, que alcanzan su plenitud en baladas como 'Beast for thee', 'I gave you' y la mejor todas, 'Bed is for sleeping', con su precioso riff, sus coros y la voz afilada y débil de Oldham. Pese a la accesibilidad que puede denotar el tema inicial ('My home is the sea'), el disco se mueve por pasajes áridos, espartanos y dificultosos (nada que ver con la belleza plástica y cálida de sus últimas entregas). No obstante, todos los temas van entrando poco a poco, y pronto te encuentras enganchando a las descargas de 'Goat and Ram', el campo estático de resonancias ancestrales de 'Rudy foolish' y la extensa 'Blood embrace', más dependiente de la letra, la historia, que de otra cosa. Con estos mimbres, ni que decir tiene que estamos ante un disco homogéneo y compacto para añadir a la ya larga lista de musts del ex-Palace.
Es por lo tanto 'Superwolf' un trabajo sustentado en la guitarra (eléctrica casi siempre) de Matt. Los temas giran en torno a un rock de maneras clásicas ribeteado por apuntes de country y folk (Neil Young y Bob Dylan sobre todo).
Prevalecen unas canciones de tono oscuro y tempo lento, que alcanzan su plenitud en baladas como 'Beast for thee', 'I gave you' y la mejor todas, 'Bed is for sleeping', con su precioso riff, sus coros y la voz afilada y débil de Oldham. Pese a la accesibilidad que puede denotar el tema inicial ('My home is the sea'), el disco se mueve por pasajes áridos, espartanos y dificultosos (nada que ver con la belleza plástica y cálida de sus últimas entregas). No obstante, todos los temas van entrando poco a poco, y pronto te encuentras enganchando a las descargas de 'Goat and Ram', el campo estático de resonancias ancestrales de 'Rudy foolish' y la extensa 'Blood embrace', más dependiente de la letra, la historia, que de otra cosa. Con estos mimbres, ni que decir tiene que estamos ante un disco homogéneo y compacto para añadir a la ya larga lista de musts del ex-Palace.
Arable, el sello que se ha montado Robin Saville (mitad del dúo Isan), está dando forma, pasito a pasito, a un catálogo exquisito, con toques de pop contemporáneo, electrónica melódica y folk (discos de Flotel, Maps and Diagrams y muy pronto Gavouna). Psapp, la pareja Carim Clasmann y Galia Durant, ya había dado muestras de su música con el ep 'Buttons and war', también para Arable Records, y otras ediciones en formato corto para Melodic y WIAIWYA, pero es ahora, con este primer largo, cuando están dando a conocer mayoritariamente su trabajo.
Es posible que 'Tiger, my friend' te traiga a le memoria muchos nombres, pero también es innegable que tiene la virtud de sonar personal, y ese matiz personal lo da, tanto el uso de una variada paleta de sonidos para construir las canciones, como la manera imaginativa de jugar con ellos: samplers, toy sounds, artefactos percusivos de todo tipo... 'Rear moth', 'Calm Down', 'King Kong' y la titular 'Tiger, my friend', son una puesta al día del trabajo con el ritmo, las texturas, los timbres y las melodías de genios del post-pop como Laika, Pram o Stereolab. Además, ofrecen trallazos de pop electrónico a la usanza Morr ('Leaving in Coffins'), folktrónica de altura ('Curuncula'), melancólicas baladas entre pianos y campanillas ('The Counter') y arabescos clickeantes ('Chapter'). Uno de los debuts del año.
Es posible que 'Tiger, my friend' te traiga a le memoria muchos nombres, pero también es innegable que tiene la virtud de sonar personal, y ese matiz personal lo da, tanto el uso de una variada paleta de sonidos para construir las canciones, como la manera imaginativa de jugar con ellos: samplers, toy sounds, artefactos percusivos de todo tipo... 'Rear moth', 'Calm Down', 'King Kong' y la titular 'Tiger, my friend', son una puesta al día del trabajo con el ritmo, las texturas, los timbres y las melodías de genios del post-pop como Laika, Pram o Stereolab. Además, ofrecen trallazos de pop electrónico a la usanza Morr ('Leaving in Coffins'), folktrónica de altura ('Curuncula'), melancólicas baladas entre pianos y campanillas ('The Counter') y arabescos clickeantes ('Chapter'). Uno de los debuts del año.
Éste era, sin ningún género de duda, uno de los discos más esperados del año, sobre todo desde que el monumental 'Cold House' (han pasado cuatro años y no hay duda de que será uno de los grandes de la década) nos dejara corazón, estomago y cabeza tocados de por vida. 'Outside Closer' ya está aquí, y de ninguna manera se puede hablar de decepción. Sí es, lo decimos ya, inferior a su obra magna, pero tiene la media de calidad de todo lo editado por el grupo de Leeds desde el ya lejano 'Rustic houses, Forlorn valleys' (1998, Domino).
Situado en un punto intermedio entre su explosión definitiva ('The cycle of days and seasons', 1999) y su catarsis expresiva ('Cold House', 2001), el séptimo largo de Hood tiene el acabado orgánico del primero (preferencia por las guitarras acústicas, violines, vientos...) y el poso electrónico del segundo (aunque reduciendo el caudal de beats sintéticos, glitches y procesos digitales).
En ese orden de cosas, apuestan por la folktrónica en unas canciones que nacen en un sencillo bucle acústico, sobre el que van acumulando arreglos ('Any hopeful thoughts arrive', 'End of one train working', 'Closure'). Ofrecen dos trallazos de post-pop como 'The negatives...' y el single de adelanto 'The lost you' (su juego con el material sonoro me trae a la memoria a Disco Inferno) y vuelven a recordarnos que aun aman el sonido Bark Psychosis ('L. fading hills'). También hay lugar para interesantes hallazgos, como esa cacofónica 'Winter 72', un juego de espejos desasosegante y 'This is it, forever', emotiva escena final filtrada de agudos. Todo ello con su sello personal y una convicción que, afortunados nosotros, les impide entregar un mal disco.
Situado en un punto intermedio entre su explosión definitiva ('The cycle of days and seasons', 1999) y su catarsis expresiva ('Cold House', 2001), el séptimo largo de Hood tiene el acabado orgánico del primero (preferencia por las guitarras acústicas, violines, vientos...) y el poso electrónico del segundo (aunque reduciendo el caudal de beats sintéticos, glitches y procesos digitales).
En ese orden de cosas, apuestan por la folktrónica en unas canciones que nacen en un sencillo bucle acústico, sobre el que van acumulando arreglos ('Any hopeful thoughts arrive', 'End of one train working', 'Closure'). Ofrecen dos trallazos de post-pop como 'The negatives...' y el single de adelanto 'The lost you' (su juego con el material sonoro me trae a la memoria a Disco Inferno) y vuelven a recordarnos que aun aman el sonido Bark Psychosis ('L. fading hills'). También hay lugar para interesantes hallazgos, como esa cacofónica 'Winter 72', un juego de espejos desasosegante y 'This is it, forever', emotiva escena final filtrada de agudos. Todo ello con su sello personal y una convicción que, afortunados nosotros, les impide entregar un mal disco.
Largo peregrinaje el del cuarteto de Nottingham Lorna hasta las puertas de un sello afín a su causa y con una proyección internacional, que posiblemente les facilite las cosas (aunque nunca se sabe). Varios ep's para sellos como Intromit o Becalmed y el debut con el sello español Pause Music ('This time, each year' en el 2003), llevan a su primer disco para Words on Music, 'Static patterns and souvenirs'.
Con evidentes referencias, que pueden ir (aunque sea de manera inconsciente) de la faceta más intimista de la Velvet Underground, al sonido de sus compañeros de sello Coastal, pasando por la lentitud aterciopelada de Galaxie500, lo cierto es que Lorna atrapan.
Y lo hacen desde el primer corte. La enorme 'Understanding heavy metal parts I and II" es síntesis y cima de su sonido. Su discurrir tranquilo, sedoso, la combinación de voces masculina y femenina, y sobre todo, una capacidad innata para los arreglos, en su justo punto y medida (en el disco encontrarás theremin, flauta, vibráfono, viola, banjo, harmónica, mandolina...). Ante semejante caudal de emociones, a nadie le puede importar que 'Homerun' y 'Be forever' tomen la lentitud y los juegos vocales de Low... o que sus cortes más pop, 'The last mosquito fight of summer' o 'He dreams of spaceships', rememoren el toque nostálgico de delicias como Glo-Worm (un único disco a recuperar)... o que el country que mece 'Remarkable things' y 'The swimmer' te lleve a los primeros Lambchop. Con Lorna, la memoria se queda en blanco en favor del corazón.
Con evidentes referencias, que pueden ir (aunque sea de manera inconsciente) de la faceta más intimista de la Velvet Underground, al sonido de sus compañeros de sello Coastal, pasando por la lentitud aterciopelada de Galaxie500, lo cierto es que Lorna atrapan.
Y lo hacen desde el primer corte. La enorme 'Understanding heavy metal parts I and II" es síntesis y cima de su sonido. Su discurrir tranquilo, sedoso, la combinación de voces masculina y femenina, y sobre todo, una capacidad innata para los arreglos, en su justo punto y medida (en el disco encontrarás theremin, flauta, vibráfono, viola, banjo, harmónica, mandolina...). Ante semejante caudal de emociones, a nadie le puede importar que 'Homerun' y 'Be forever' tomen la lentitud y los juegos vocales de Low... o que sus cortes más pop, 'The last mosquito fight of summer' o 'He dreams of spaceships', rememoren el toque nostálgico de delicias como Glo-Worm (un único disco a recuperar)... o que el country que mece 'Remarkable things' y 'The swimmer' te lleve a los primeros Lambchop. Con Lorna, la memoria se queda en blanco en favor del corazón.
A la Sasaki ya no le mola el rollito "vamos a jugar con el mac y luego si eso hacemos un temilla"... ahora lo que le priva, según ella, es lo contrario: "vamos a hacer un temilla y eso, luego le añadimos un par de ruidillos", ¿ok?. El caso es que yo no he notado mucho este cambio de técnica, ¿quizás menos gorgojos? Pero bueno, que a mi no me molestan ¿eh? Aunque tampoco me molesta si los quitas todos, chica... vamos, que me da igual, y al señor Deupree parece que también. Supongo que él sabe mejor que nadie que la Piana es un valor seguro, aunque haga discos con una gaita midi.
El disco es esto que nos mola por aquí (¿estaremos siendo un poco pesados?)... asilvestramiento folk desgañitado entre laptopismo "incendiario" (bueno... en este disco es de lo más candy candy). Burbujitas digitales retozando entre plácidos instrumentillos acústicos (colabora un Minamo) y esa voz japanese style que de vez en cuando empalaga un poquito (jiji), y otras te deja realmente pillado. Y ahora es cuando la comparo con Tujiko Noriko. Ea... que si te mola este rollito te va a encantar.
El disco es esto que nos mola por aquí (¿estaremos siendo un poco pesados?)... asilvestramiento folk desgañitado entre laptopismo "incendiario" (bueno... en este disco es de lo más candy candy). Burbujitas digitales retozando entre plácidos instrumentillos acústicos (colabora un Minamo) y esa voz japanese style que de vez en cuando empalaga un poquito (jiji), y otras te deja realmente pillado. Y ahora es cuando la comparo con Tujiko Noriko. Ea... que si te mola este rollito te va a encantar.
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