Destacados Del 2011 (lp's)
Por Mikel M. Sanz, publicado el 16.12.2011
Lo que en avantfolk hemos venido a llamar el año Tri Angle (mejor álbum, ep y canción) se salda, a nivel de discos de larga duración, con una media de calidad notable, pero sin ninguna obra de ésas que llamamos imprescindibles. No hay un ‘Person Pitch’, un ‘Untrue’ o un ‘Teen Dream’ de turno. En cualquier caso, y más o menos ordenados, aquí van nuestros quince favoritos.
Youth Lagoon
The Year Of Hibernation
Lefse, 2011
This Will Destroy You
Tunnel Blanket
Monotreme, 2011
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Encuadrados en una supuesta tercera generación de bandas post-rock capitaneada por Explosions In The Sky, los también tejanos This Will Destroy You no venían haciendo otra cosa, ya desde sus primeros movimientos en 2005 (el mimi-lp 'Young Mountain'), que preservar los mismos defectos y virtudes patentados a finales de la década pasada por Mogwai, GYBE! y Sigur Rós. Unos defectos que, poco a poco y en paralelo a las nuevas entregas de sus jóvenes cachorros, han ido desdibujando las obras posteriores del citado trío maravillas.
En su segundo larga duración tras la medianía del debut homónimo de 2008, This Will Destroy You han dejado de marear una perdiz que les perseguía desde su fundación y que ellos se ocupaban de desmentir entrevista sí entrevista también. Y lo hacen de la mejor manera: con hechos. 'Tunnel Blanket' se aleja de unos patrones que sólo conseguían enquistar a un subgénero, el post-rock de guitarras y el eterno retorno a la montaña rusa (a pesar de trabajos tan estremecedores como el 'Those Who Tell the Truth Shall Die, Those Who Tell the Truth Shall Live Forever' de Explosions In The Sky) que ya nació y se desarrolló limitado, entregando, ahora sí, una hora de música instrumental libre de clichés.
La inaugural ‘Little Smoke’ avanza en un bucle ambiental entre la monotonía y la contemplación sólo rota por un cuerpo central (siete minutos) de noise-rock a cámara lenta. Resuenan con fuerza las sinfonías para guitarras de la no-wave (Glenn Branca, Rhys Chatham), el ruido rosa de My Bloody Valentine y el marchamo mortuorio de Codeine. ‘Glass Realms’ cruza drone con neoclásica, situándose en un lugar intermedio entre el ambient gaseoso de Stars Of The Lid y la introspección cacofónica de Tim Hecker. La dupla ‘Communal Blood / Reprise’, publicada en formato 7” a finales de 2010, es gemela de ‘Little Smoke’, pero apuntando hacia el paisajismo. En este contexto opaco, las progresiones melódicas de ‘Killed The Lord, Left For The New World’ y su rítmica electroacústica son una (preciosa) concesión tanto a su pasado como a unos rayos de luz que vuelven a desaparecer por completo en la masa sonora arrastrada de la épica ‘Black Dunes’. ‘Powdered Hand’ cierra en modo calma después de la tormenta un disco, su mejor disco hasta la fecha, al que únicamente podemos echar en cara los excesos apocalípticos, contractuales para un grupo que afirma aunar a Slowdive con Isis y Earth (doomgaze, ¿no?) y unas dependencias lógicas de estos nuevos primeros pasos.
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Atlas Sound
Parallax
4ad, 2011
Cloud Nothings
Cloud Nothings
Carpark, 2011
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El paso de la grabación casera al estudio (más o menos) profesional suele ser un momento peliagudo en la carrera de cualquier proyecto musical. Hubo, hay y habrá miles de casos y para todos los gustos. Sin irnos muy lejos, y tomando como ejemplo una de las influencias de Cloud Nothings (véanse las desatadas ‘Not Important’, 'Rock' y 'You're Not That Good At Anything'), ahí está la mutación desde el punk-rock cafre y ruidoso hacia el indie-rock más formal que dio Wavves con el estimable ‘King Of The Beach’ el pasado año. Dylan Baldi y sus chicos dan el salto sin demasiados miramientos, con gran naturalidad, colocando su puesta de largo para el sello Carpark como uno de los trabajos más frescos y pegadizos de lo que llevamos de temporada. Creo que (casi) nadie echará de menos la retahíla de singles, casetes y recopilatorios que el de Cleveland registró en su sótano y publicó en 2010. Bueno, ‘Hey Cool Kid’ sí.
El debut homónimo de Cloud Nothings puede llegar a resultar algo naíf. O punk tonti-pop, que diría la gente ruda, de pelo en pecho. Esa sensación de estar escuchando un disco fuera de tu rango de edad se da en temas como ‘Nothing’s Wrong’ y, en menor medida, en las muy Weezer ‘On The Radio’ y ‘All The Time’. Saben contrarrestar con el emopop de ‘Forget You All The Time’ y ‘Been Through’. Y es que, ay amigos, el empuje de melodías, corazón y desencanto no conoce de edades: cuando Baldi acude a la leve distorsión acelerada, a las paradas y arranques constantes a lo Buzzcoks en su ‘Orgasm Addict’ particular (‘Understand At All’) o aminora la velocidad y se pone tristón... entonces nos entrega su ‘Ever Fallen in Love’ en la tremenda ‘Should Have’ y nada se puede hacer. Tan sólo rendirse ante la evidencia.
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Pumuky
Plus Ultra
Jabalina, 2011
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Con el tercer largo de Pumuky la expresión verlas venir adquiere todo su significado. Ese verlas venir fue el siete pulgadas editado a mediados del presente año dentro de la serie “Jabalina Love Songs”, conteniendo la esencia lírica, estética y, claro está, musical, de lo que ahora se nos presenta aumentado y mejorado en ‘Plus Ultra’.
Grabado en los estudios La Mina de Sevilla por Raúl Pérez, y esto habrá tenido algo que ver, la nueva obra del quinteto canario confirma y asienta la densidad y riqueza sonora de aquellas tres canciones. Un hecho que se hace si cabe más notorio en los dos cortes instrumentales ‘Pleamar’ y ‘La Razón Encarnada’ (introducción a lo Deerhunter), donde la sombra de los Migala de ‘Restos De Un Incendio’ (2002, Acuarela) es evidente. Lentas progresiones de aroma post-rock y capas que van añadiendo matices a unas piezas entre la emoción pura y la grandiosidad.
En lo literario Jaír Ramírez sigue retratando un mundo gris, cruel y deshumanizado en el que la única salida posible es un amor, en muchas ocasiones el recuerdo o el anhelo de éste, casi místico. Lo hace además en un entorno salvaje que roza la fábula y es muy suyo: precipicios, playas, montañas y el mar, siempre el mar como escape, dan forma a un trabajo en el que se respira la humedad y los vestigios de un mundo arcaico.
Poco importa pues que ustedes frunzan el ceño si afirmo que la titular me recuerda a Family haciendo dream-pop, que la inclusión de algún hit instantáneo (¿’Nira’ de su 7” para Jabalina?) le hubiera hecho bien al conjunto, que cuando Jaír dice en ‘Ángulo Áureo’ (mi favorita) eso de que ya no sabe qué hacer con su vida te den ganas de llorar o que en este disco hayan dado con el punto exacto en el uso de la voz. ‘Plus Ultra’ deja a un lado las individualidades y abraza el todo conjugando música y palabra en un universo paralelo y personal, una burbuja que durante cuarenta y cinco minutos te transporta a otra realidad.
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Gil Scott - Heron & Jamie Xx
We’re New Here
Xl Recordings, 2011
Craft Spells
Idle Labor
Captured Tracks, 2011
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Es muy probable que una de cada dos opiniones vertidas sobre el primer largo de Craft Spells sea negativa, y lo será además apoyándose en su falta de originalidad. Decir esto en un contexto cien por cien pop resulta contraproducente, siendo éste un género que tiene en su mismo adn el ‘reciclaje’ sonoro. Pero… ay amigos, decirlo en 2011 resulta de ridículo para arriba.
Craft Spells siguen un patrón similar al de mis dos debilidades de Captured Tracks, Wild Nothing y sobre todo Beach Fossils. Nacido como proyecto casero de una única persona, en este caso del californiano Justin Paul Vallesteros, la bola de nieve ha ido creciendo hasta llegar a ‘Idle Labor’, ya con formación de cuarteto. Por el camino han ido dejando muestras de su talento en un single para el canadiense Bataille Music (‘You Should Close The Door’) y dos más en el citado sello de Brooklyn (‘After The Moment’ y ‘Party Talk’). Su debut se nutre de cinco canciones de estos tres siete pulgadas, redondeando el primer ‘must’ indie-pop de la temporada.
Volviendo al tema de, esperen que antes me ría, la originalidad, está claro que ‘Idle Larbor’ es un nuevo viaje en el tiempo al pop inglés de los ’80, que incluso la portada recuerda sobremanera a la de una de sus inspiraciones más evidentes (el ‘Power, Corruption & Lies’ de New Order) y que todo huele a The Smiths, Factory Records y Manchester en general. Al catálogo de Sarah con gotitas de lo-fi pop. Y también cierto deje chillwave, por eso de los mimbres electrónicos. Pero aquí hay (muchas) más raciones de buenas canciones que de estética. En concreto once joyas en treinta y siete minutos para guardar en la memoria de este año y, el tiempo lo dirá, los que tengan que venir.
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Veronica Falls
Veronica Falls
Slumberland, 2011
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En el capítulo de hoy: bienvenidos al maravilloso mundo de las melodías pegadizas, las armonías vocales celestiales y el pop perfecto. Veronica Falls presentan un largo que se llama ‘Veronica Falls’ y que a su vez contiene una canción que tiene por título ‘Veronica Falls’. ¿Se puede ser más pop? No tardarán demasiado, un par de escuchas deberían bastar, para darse cuenta de que, además de pop, es perfecto.
Formados hace dos años en Londres, este cuarteto mixto (dos chicas, dos chicos) lleva desde 2010 publicando singles en formato 7”, en concreto su hit ‘Found Love In A Graveyard’ para Captured Tracks y meses después ‘Beachy Head’, también en el sello de Brooklyn. Precedido por ‘Bad Feeling’ (2011, Slumberland), ahora editan un disco de debut al que nos cuesta sacar algún defecto.
Aparte de un evidente talento para la composición de canciones redondas, dos virtudes destacan al escuchar a Veronica Falls. En primer lugar, la capacidad de asimilar influencias de décadas dispares y entregar temas coherentes. Menos los ’70, y dentro de un contexto pop de guitarras, todo les vale. De ahí la imparable catarata de nombres y referencias cruzadas citadas cuando se habla de ellos. En segundo lugar, y a pesar de esta amplitud de miras, su debut funciona tanto como colección de canciones como a nivel de conjunto. Ayuda el hecho de haber re grabado todo el material en Londres en apenas tres días. Suena compacto y robusto, sin perjudicar su inminente carácter melódico.
Tomemos el ejemplo de la inicial ‘Found Love In A Graveyard’. Se trata en esencia de un tema garage-rock sesentero de toque siniestro a lo The Cramps. Después conecta con un puente indie-rock de guitarras aceleradas y de repente te conduce a una fase de armonías vocales deliciosas. Estas premisas se repiten, juntas o por separado, cuando revisan con más crudeza el espíritu del recopilatorio ‘Nuggets’ del sello Elektra en ‘Beachy Head’, se ponen melosos con unos característicos juegos vocales costa oeste en tres temazos como ‘The Fountain’, ‘Bad Feeling’ y la preciosa balada ‘Veronica Falls’ o construyen la pizpireta ‘Stephen’ sobre unas guitarras destartaladas en la onda de los primeros Pavement. También hay algo más que gotitas del conocido rasgueo “velvetiano”, “girl-groups” desde el soul sixtie (‘The Box’) a Vivian Girls (‘Weeding Day’), la concrección de unos Beat Happening y de regalo, una intro que es directamente Galaxie 500 (‘Come On Over’). ¿Lo ven? Hemos caído en la catarata de nombres y referencias. Resumiendo: un gran disco de pop.
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Clams Casino
Instrumentals
Type, 2011
Kurt Vile
Smoke Ring For My Halo
Matador, 2011
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‘Constant Hitmaker’ (Gulcher, 2008), el debut oficioso de Kurt Vile, nos presentaba a un músico capaz de abrir varias vías de expresión sin quedarse ahogado en ninguna de ellas ni mermar la sensación de conjunto. Rock clásico, folk, country y blues se confundían con el indie de los ’80 y el lo-fi rock de los ’90. Todo muy americano, vaya. Pero ni una estética alejada del común denominador (¡pelazo!) ni una música tan poco dada a la mercadotecnia impidió al sello Matador hacerse con sus servicios. Así que en 2009 editó en Mexican Summer el escueto y rural ‘God Is Saying This To You’ y el primer trabajo en Matador, ‘Childish Prodigy’, donde el ex The War on Drugs sentaba las bases de un sonido que, aunque con momentos para la calma, en general resultaba bastante denso y pesado. Sin llegar al descalabro, la particular morfología de las composiciones (¿conoce Kurt el estribillo o se salta esa parte expresamente?) y la puntual falta de inspiración daban al traste con una idea de canción personal que, dos años después, nos ha traído los mejores frutos posibles.
‘Smoke Ring For My Halo’ es su gran obra hasta la fecha. Suena compacta pero cada canción añade un matiz nuevo que acaba dándole una identidad propia. Es intachable de principio a fin pero, como todo buen disco que se precie, tiene sus picos y sus caídas. Sobre un rock hipnótico de regusto acústico Kurt arrastra la voz por unas estructuras que ya no necesitan de estribillos para dejarte prendado: la densidad de ‘Baby’s Arms’, ‘On Tour’ y ‘Runners Ups’ juegan a su favor. Certero ante la melodía (‘Jesus Fever’, ‘In My Time’) y también en las distancias cortas (John Fahey en esa maravilla folk llamada ‘Peeping Tomboy’). Porque acercarse a Neil Young, Bruce Springsteen y Bob Dylan (o a los tres en ‘Ghost Town’) sin sonar acartonado tiene mucho mérito. El de ‘Smoke Ring For My Halo’ es ni más ni menos que entregar la versión roots rock América profunda del ‘Teen Dream’ de Beach House.
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Santiago Latorre
Eclíptica
Foehn, 2011
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Aunque para muchos, entre los que me incluyo, ‘Eclíptica’ ha sido recibido como la presentación en sociedad de Santigo Latorre, nada más lejos de la realidad. Este músico barcelonés de espíritu nómada, además de venir componiendo música para cine, teatro y danza, debutó en 2008 en el sello americano Accretions. ‘Órbita’, así se llamó aquel disco, mostraba a un artista pivotando entre el free jazz, la improvisación y la electrónica. Visto con tres años de distancia y su segundo trabajo ya en las manos, la escucha de aquella sucesión de instantáneas sin un nexo claro acaba resultando algo fría y académica.
Sin ser ni mucho menos antagónicos (los mimbres siguen siendo los mismos), ‘Eclíptica’ se revela como una obra homogénea en la que se impone la calma, la meditación, la calidez y especialmente, la emoción. Por un lado hay un refinamiento y una maduración de su sonido. Por otra parte, una mayor concreción en la elección de los diversos lenguajes que Santiago maneja, así como la manera en que estos se entrelazan. La marcada orientación ambient del disco queda fijada desde la inicial ‘E1’, minimalismo cíclico escuela Brian Eno. En ‘E2’ el ritmo ceremonial es llevado por sedosas ráfagas de jazz mientras la niebla de la portada nos envuelve. ‘Si El Sol No Calienta’ es lo más parecido a una canción pop que hay en todo el álbum e introduce otra novedad, el uso de la voz como eje dentro de la composición. ‘E4’ rompe el estatismo casi mántrico de la primera parte con unos bellos fraseos de saxo y acordeón. La versión para piano, voz y grabaciones de campo de ‘Ban Ge Yue Liang’, un tema hongkonés de los años 50 que aparece, por ejemplo, en la película ‘The Wayward Cloud’ de Tsai Ming-liang, separa fases antes de un último tramo en el que, siempre mediante un acercamiento ambiental, predomina la electrónica. La enorme ‘E6’ va creciendo desde la deformidad hasta alcanzar el clímax en un épico y emotivo final orquestado. ‘E8’, entre el abatimiento y pequeños rayos de esperanza, hace las veces de despedida en un bucle sintético obsesivo. Palabras para hablar de un gran disco que es, sobre todas las cosas, un estado de ánimo.
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The Weeknd
House Of Balloons
Autoeditado, 2011
Tim Hecker
Ravedeath, 1972
Kranky, 2011
James Blake
James Blake
Atlas, 2011
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Precedido por un estimable debut en formato corto en 2009, el año pasado fue al mismo tiempo el de la presentación y la consagración de James Blake. A aquel primerizo ‘Air & Lack Thereof’ (2009, Hemlock Recordings) le siguieron en 2010 el notable ‘The Bells Sketch’ (2010, Hessle Audio) y, entrando ya en el terreno de lo sobresaliente, ‘CMYK EP’ (2010, R&S), dubstep desde Detroit vía R&B, y ‘Klavierwerke EP’ (2010, R&S), monumental tratado de ambient minimalista, post dubstep, espacios abiertos y emoción. Semejante derroche de talento llevó a bastantes publicaciones de postín a incluir estos ep's agrupados en las listas de los álbumes ¿mande? destacados del año. Bueno, pues vale.
A cuatro meses de la edición de su último movimiento llega, ahora sí, el debut en largo del joven británico. Y nos topamos de nuevo con otro cambio de registro, no por anunciado (el adelanto en forma de cover de Feist) menos pronunciado que aquél. James se aferra a las teclas de su piano y a una voz desdibujada hasta la extenuación para escribir un trabajo de canciones pop. Lentas y arrastradas. Asfixiantes por parcas, pero canciones pop. La economía de medios, que deja a sus queridos The xx como unos apasionados de lo barroco, hace que cada brizna de sonido tenga un significado vital para la composición. Aunque eso, al fin y al cabo, ya lo sabíamos de antemano.
Sin embargo, el desconcierto, que puede traducirse en decepción en las primeras escuchas, aparece de inmediato si lo que esperabas era un ‘Klavierwerke’ extendido y mejorado. Y se multiplica cuando caes en la cuenta de que ‘Limit To Your Love’, que tenías unas semanas atrás por mero entretenimiento, se convierte en una de las piezas más brillantes de la partida. A pesar de todo esto (prejuicios en su mayoría) y del bajón en el tramo final, éste es un muy buen disco. Marcado por un ‘mood’ sombrío y una producción ejemplar, contenida y precisa, es posible que ‘Unluck’ te recuerde a una versión actualizada de Stevie Wonder, ‘Give Me My Month’ y la preciosa ‘Why Don't You Call Me’ a Antony Hegarty descubriendo la era digital y todo en general a señores tristes que tocan el piano a solas, pero el doloroso crescendo de ‘Wilhelms Scream’ (mi favorita), el soul crepuscular de ‘I Never Learnt to Share’, la sencillez folk de las dos partes de ‘Lindesfarne’, ese manual de cómo adaptar una canción ajena y mejorarla que es ‘Limit To Your Love’ y la perfecta paleta cromática de ‘I Mind’ no deben dejar lugar a la duda: grande otra vez.
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Balam Acab
Wander / Wonder
Tri Angle, 2011
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Lo decíamos hace un par de meses al hablar del disco de Holy Other, y el primer largo de Balam Acab lo confirma: en Tri Angle están que lo tiran. Olvidadas ya ridículas etiquetas de temporada, temporadas cada vez más exiguas, la séptima referencia del sello neoyorkino es una obra de una belleza prístina que deja a los no convertidos sin argumentos y a los demás babeando.
El proyecto de dormitorio del jovencísimo Alec Koone, recién entrado en la veintena, ya dio muestras de su talento con el notable ep ‘See Birds’ (2010, Tri Angle). Ahora refina aún más su repertorio entregando cuarenta minutos escasos de una música pastoral y ensoñadora. Un continuum de ambient pop sin fisuras que sólo se entiende como un todo. No se me ocurre mejor metáfora para describir ‘Wander / Wonder’ que la de un lienzo naturalista (esa obsesión por los sonidos acuosos comparable a la de Mouse On Mars) sobre el que Alec va volcando recuerdos fraccionados hasta construir algo totalmente personal.
Si bien es cierto que la (alargada) sombra de Burial cubre de principio a fin el debut del de Pennsylvania, ya de manera evidente en la inaugural ‘Welcome’, con esa atmosfera oscura y enigmática tan suya, Balam Acab matiza su discurso durante el resto de los temas. De hecho, el extraordinario tratamiento de las voces operísticas en la citada ‘Welcome’ y el final luminoso que se volverá a repetir en varias ocasiones, dicen pronto mucho a su favor. En ‘Apart’ el pitch vocal es modificado hasta la demencia. El resultado es una de las canciones más hermosas del año, junto al ‘Natural’ de su compañero de sello Clams Casino. El brillo crepuscular lleno de soul de ‘Motion’ (¿Motown bajado de revoluciones?, otra perla), da paso a una visión muy personal del clásico diálogo chico chica en el pop, también a cámara lenta y con confeti y violines de despedida. Es ‘Expect’ y la más folkie ‘Now Time’.
A partir de ese momento se abre un segundo bloque que va de cabeza hacia el downtempo entre el sueño y la realidad. La electrónica íntima de la casa Morr y el pop naive de los primeros múm se cruza con rastros de folktrónica y ambient. En la tremenda ‘Oh, Why’ todavía hay atisbos de ritmo, pero éste muere en la dupla ‘Await’ y el tramo inicial de ‘Fragile Hope’, entre débiles notas de piano, el tintineo del agua y el vaivén planeador de las voces que nos dieron la bienvenida. Estamos al fin y al cabo ante el disco que marcará el año. Al menos nuestro año.
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