suicide

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Se ha dicho de The Velvet Underground, New York Dolls, Patti Smith, Television o Sonic Youth, pero si hay una música que representa con certeza (o al menos así lo percibimos nosotros) el sonido de la Nueva York más oculta, profunda, y al fin y al cabo, real (lujo y miseria), ésa es la del dúo Suicide.

Nacidos en los albores de los '70, tras conocerse en en el Projects Arts Center, la música de Suicide es directamente emitida desde el corazón de (como dicen en 'Super Subway Comedian') la ciudad más bonita del mundo. Alan Vega (Manhattan, origen portorriqueño), amante del rock'n'roll clásico (Gene Vincent, Elvis Presley) y no tanto (Jim Morrison, Lou Reed), mata su tiempo con las artes plásticas y el arte conceptual. Al otro lado de la ciudad, Martin Rev (del Bronx), avanzado alumno del jazzman Lennie Tristano y seguidor del free jazz más radical (Albert Ayler, John Coltrane), está ensimismado con sus máquinas de segunda mano. Tras unos inicios con una formación más clásica (guitarra y batería incluida), deciden establecerse como dúo, con unas coordenadas muy claras. Vega será la cara del grupo, la bestia del escenario, un Iggy Pop del subsuelo. Rev y sus eternas gafas de sol, oculto tras su pila de cajas de ritmo, teclados y cintas, dará la base musical para las historias de su compañero. Historias de perdedores, de amores viscerales, de odio, muerte y redención, contadas sobre los teclados grasientos, sencillos (dos o tres notas) y monolíticos de Rev.

Convirtiendo sus actuaciones en actos irrepetibles, capaces de pasar de la violencia más animal (golpeo de cadenas, berridos, conciertos que terminan en revuelta) a la ternura y la calma (esas baladas de amor eterno), consiguen llamar la atención de Marty Thau (manager de los New York Dolls).

Es él quien les ayudará, dándoles nuevas fechas junto a otros avanzados del underground de la ciudad (The Modern Lovers, Johnny Thunders...) y con la oportunidad de grabar su primer vinilo. Un lp mítico, no sólo para la escena Neoyorkina (es el año de 'Marquee Moon', 'Blank Generation' y 'Talking Heads'), sino para la historia de la música popular. Punk electrónico, rock'n'roll de ultratumba o pop industrial, muchas cosas se han dicho de esta obra maestra incuestionable. Los fotogramas de 'Mean Streets' (Martin Scorsese) y 'The driller killer' (Abel Ferrara) hechos música. Sólo tres años después (ya entenderán lo de 'sólo') aparece su segundo disco, 'Alan Vega-Martin Rev' (1980). Lo que para muchos resulta ser una pequeña decepción (mejor producción, menos violencia explícita), para otros es todo un acierto. Rick Ocasek (del grupo de new wave The cars) se convierte en su máximo valedor y logra calmar las turbulencias entre los dos genios. Si 'Suicide' (1977) sonaba a dos personas en constante lucha interna, en 'Alan Vega-Martin Rev' sus esfuerzos están encaminados en una misma dirección.

Después de este disco comienzan las idas y venidas, los trabajos en solitario (alejados de la profundidad de sus discos conjuntos) y las reapariciones (ellos insisten en que nunca se han separado, sólo espaciado sus ediciones). De sus tres trabajos desde el lejano disco del '80 hasta la actualidad, 'A way of life' (1988) alcanza sin problemas el sobresaliente, 'American Supreme' (2002) el notable, y su disco más flojo ('Why be blue', 1992), el bien alto.

Un grupo fundamental para las bases sonoras de The Human League, Cabaret Voltaire, Nick Cave, Primal Scream, The Jesus and Mary Chain o Luna (por poner unos pocos ejemplos) tiene que ser, por fuerza, muy grande.


discografía recomendada

suicide :: suicide

Suicide

Suicide

Red Star, 1977

Grabado con unos medios ínfimos (un órgano Vox, una caja de ritmos y la voz de Alan tratada con una sistema de eco artesanal) y a la primera toma, el primer disco de Suicide es un punto y aparte, un nuevo estilo en si mismo. 'Ghost rider' sintetiza el espíritu de los Stooges en un bucle esquizofrénico conducido por la voz chulesca de Vega ('America, America está matando a su juventud'). 'Rocket USA', mantra velvetiano hipnotizante, hace del eco vocal un instrumento. 'Cheree', balada incandescente a mayor gloria de los vocalistas clásicos de los '50, está conducida por unos juegos melódicos preciosos. 'Johnny', versión del clásico 'chico busca diversión' rockandrollero, cierra con otro bucle sintético una primera cara más ligera y luminosa, si se puede decir esto de Suicide. La cara b, oscura, dramática y asfixiante, es sencillamente magistral. 'Girl', llevada por una melodía insinuante ('Sister Ray' claro), se baña en susurros eróticos y logra alcanza el éxtasis final. Los diez minutos en suspense de 'Frankie Teardrop', piedra de toque del álbum y una de las mejores canciones de música pop, ensambla sonido y letra de tal manera (las imágenes se suceden una tras otra) que cualquier descripción resulta innecesaria. 'Che', homenaje al comandante cubano, cierra con marchamo mortuorio (los mantos melódicos rasgados se superponen con precisión) el único disco capaz de compactar, en poco más de media hora, el sonido del ayer (free-jazz, rock'n'roll, pop) y del mañana (electrónica, industrial, punk...) con una coherencia todavía no superada.

suicide :: alan vega / martin rev

Suicide

Alan Vega / Martin Rev

Ze, 1980

'Diamonds, fur coat, champagne' dejaría a cuadros a quien en su momento acudiera a este disco buscando más de lo mismo (y eso que está entre sus cinco mejores canciones). Ritmos trabajados, melodías mucho más complejas y una producción (Rick Ocasek a los mandos) limpia y reluciente. El mismo groove embriagador de este tema inunda la canción que cierra la cara a, 'Touch me' y la juguetona 'Shadazz'. Incluso en los cortes más confrontativos ('Mr.Ray', 'Harlem' o 'Dance') se muestran menos ariscos. A cambio de perder en contundencia, ganan en profundidad y matices. Colocan su clásica balada por disco ('Sweetheart') y un corte en la onda de 'Johnny' ('Be bop kid'). Y además de todo esto, sientan los parámetros del futuro detroit techno con la electrónica estática y futurista de 'Las Vegas man'.

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Suicide

A Way Of Life

Chapter 22, 1988

Han pasado ocho años y muchos discos en solitario de por medio, pero Suicide no han perdido por el camino su identidad. Producido de nuevo por Ocasek, 'A way of life' (no se me ocurre mejor título para un disco de Suicide) reincide en todo lo expuesto, y mezcla el minimalismo expresivo del primer disco con la minuciosidad sonora del segundo. Rítmica agresiva y declamaciones furiosas ('Wild in blue', 'Heat Beat'), la balada de turno ('Surrender', el Leonard Cohen de 'I'm your man' cantando una de Suicide para la bso de 'Blue Velvet') y el trote maquinal y oscuro de siempre ('Sufferin' in Vain', 'Love so lovely'). Pongan el supuesto sonido industrial y oscuro de los Depeche Mode de mediados de los '80 junto a este 'A way of life'. No hay color.

Por Mikel M. Sanz, 01.01.2005

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