BALAM ACAB

Wander / Wonder

Por Mikel M. Sanz, publicado el 25.09.2011
Lo decíamos hace un par de meses al hablar del disco de Holy Other, y el primer largo de Balam Acab lo confirma: en Tri Angle están que lo tiran. Olvidadas ya ridículas etiquetas de temporada, temporadas cada vez más exiguas, la séptima referencia del sello neoyorkino es una obra de una belleza prístina que deja a los no convertidos sin argumentos y a los demás babeando.

El proyecto de dormitorio del jovencísimo Alec Koone, recién entrado en la veintena, ya dio muestras de su talento con el notable ep ‘See Birds’ (2010, Tri Angle). Ahora refina aún más su repertorio entregando cuarenta minutos escasos de una música pastoral y ensoñadora. Un continuum de ambient pop sin fisuras que sólo se entiende como un todo. No se me ocurre mejor metáfora para describir ‘Wander / Wonder’ que la de un lienzo naturalista (esa obsesión por los sonidos acuosos comparable a la de Mouse On Mars) sobre el que Alec va volcando recuerdos fraccionados hasta construir algo totalmente personal.

Si bien es cierto que la (alargada) sombra de Burial cubre de principio a fin el debut del de Pennsylvania, ya de manera evidente en la inaugural ‘Welcome’, con esa atmosfera oscura y enigmática tan suya, Balam Acab matiza su discurso durante el resto de los temas. De hecho, el extraordinario tratamiento de las voces operísticas en la citada ‘Welcome’ y el final luminoso que se volverá a repetir en varias ocasiones, dicen pronto mucho a su favor. En ‘Apart’ el pitch vocal es modificado hasta la demencia. El resultado es una de las canciones más hermosas del año, junto al ‘Natural’ de su compañero de sello Clams Casino. El brillo crepuscular lleno de soul de ‘Motion’ (¿Motown bajado de revoluciones?, otra perla), da paso a una visión muy personal del clásico diálogo chico chica en el pop, también a cámara lenta y con confeti y violines de despedida. Es ‘Expect’ y la más folkie ‘Now Time’.

A partir de ese momento se abre un segundo bloque que va de cabeza hacia el downtempo entre el sueño y la realidad. La electrónica íntima de la casa Morr y el pop naive de los primeros múm se cruza con rastros de folktrónica y ambient. En la tremenda ‘Oh, Why’ todavía hay atisbos de ritmo, pero éste muere en la dupla ‘Await’ y el tramo inicial de ‘Fragile Hope’, entre débiles notas de piano, el tintineo del agua y el vaivén planeador de las voces que nos dieron la bienvenida. Estamos al fin y al cabo ante el disco que marcará el año. Al menos nuestro año.
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