BARZIN
My Life In Rooms
Moonpalace (2006)
Por Mikel M. Sanz
Además de alimentar un catálogo de ediciones exclusivas y limitadas, Moonpalace no cesa en su labor de traer a España lo más destacable de algunos de los mejores sellos independientes de todo el globo. Ahora cierra nuestro top five particular (Gregor Samsa y The Dust Dive para Own, Pokett en Intercontinental / Scientific Laboratories y Raymondo en Matamore) con el segundo cd de Barzin, editado en el label inglés Monotreme.
Barzin comenzó hace ya más de una década en Toronto como el proyecto personal de Mike Findlay. Tras debutar en el 2003 con un álbum homónimo algo más austero que éste, regresa ahora con un trabajo repleto de colaboraciones (Tony Dekker de Great Lake Swimmers y Suzanne Hancock parecen fijos) que adornan y engalanan una música que sin embargo, mantiene esa sensación de vacío en suspensión. Porque la especialidad de Barzin es la música arrastrada y triste. Encontrar la belleza en la soledad de una habitación.
Las canciones suelen avanzar con lentitud hacia un clímax en forma de estribillo roto (la hermosa 'Leaving time' es la cima de este método). La atmósfera y la voz susurrada te recordará el folk-pop reverberado de The Clientele, pero dentro de un acabado homogéneo, las sensaciones que desprende el canadiense pueden ir del alt-country de 'Let's go driving' (Lambchop) al slow-rock de 'So much time to call my own' (Migala haciendo un cover de Mazzy Star) pasando por el pop elegante de 'Leaving time' (los Tindersticks del 95, pero menos barrocos).
Entrelazar tres temazos como 'Take this blue', 'Acoustic guitar phase' y 'Won't you come' (plegaria a lo Nick Cave), mecidos por preciosos arreglos de viento, vibráfono y steel-guitar y colocarlos entre una balada a lo Suicide en día soleado ('Just more drugs') y un instrumental de electrónica paisajista ('Sometimes the night...') sin perder el 'mood' merece nuestro más sincero reconocimiento.
Barzin comenzó hace ya más de una década en Toronto como el proyecto personal de Mike Findlay. Tras debutar en el 2003 con un álbum homónimo algo más austero que éste, regresa ahora con un trabajo repleto de colaboraciones (Tony Dekker de Great Lake Swimmers y Suzanne Hancock parecen fijos) que adornan y engalanan una música que sin embargo, mantiene esa sensación de vacío en suspensión. Porque la especialidad de Barzin es la música arrastrada y triste. Encontrar la belleza en la soledad de una habitación.
Las canciones suelen avanzar con lentitud hacia un clímax en forma de estribillo roto (la hermosa 'Leaving time' es la cima de este método). La atmósfera y la voz susurrada te recordará el folk-pop reverberado de The Clientele, pero dentro de un acabado homogéneo, las sensaciones que desprende el canadiense pueden ir del alt-country de 'Let's go driving' (Lambchop) al slow-rock de 'So much time to call my own' (Migala haciendo un cover de Mazzy Star) pasando por el pop elegante de 'Leaving time' (los Tindersticks del 95, pero menos barrocos).
Entrelazar tres temazos como 'Take this blue', 'Acoustic guitar phase' y 'Won't you come' (plegaria a lo Nick Cave), mecidos por preciosos arreglos de viento, vibráfono y steel-guitar y colocarlos entre una balada a lo Suicide en día soleado ('Just more drugs') y un instrumental de electrónica paisajista ('Sometimes the night...') sin perder el 'mood' merece nuestro más sincero reconocimiento.
Crítica publicada el 01.05.2006
Formato LP
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