BEACH HOUSE

Teen Dream

Por Mikel M. Sanz, publicado el 13.02.2010
¿De verdad hacía falta otra crítica resaltando las bondades del tercer disco del dúo formado por Victoria Legrand y Alex Scally?, se preguntarán ustedes. Sí, rotundamente. Tras un suma y sigue que comenzó en ese caza talentos incansable llamado Carpark Records y que fue desde un esperanzador debut homónimo en 2006 hasta la consumación de la fórmula en ‘Devotion’ (Carpark, 2008), su nuevo disco rebasa cualquier tipo de etiqueta y únicamente puede ser entendido como la bendita consecuencia de la conjunción de una identidad forjada durante años de trabajo, una colección de canciones que rozan la perfección y unas sesiones de grabación con la pareja en estado de gracia.

Beach House ya no necesitan de citas a Slowdive, Mazzy Star o Galaxie 500, porque, y nunca mejor dicho, viajan en una galaxia paralela donde la razón se diluye y sólo queda lugar para las emociones. Con este bagaje de base, hacen suyos los nuevos tótems establecidos por parte de la mejor música popular del presente: si en el último cuarto de la década pasada esta parcela estuvo casi relegada a The Velvet Underground y derivados (facción electrónica pasen a la ventanilla Kraftwerk), ahora se amplía la horquilla con la psicodelia-pop de toques folk y especial cariño por los arreglos. Los Beach Boys post '65, los Zombies de ‘Odessey And Oracle’ o las producciones de Phil Spector (pandereta y cascabeles al poder) parecen estar, de alguna u otra manera, en los cimientos de la obra de Grizzly Bear, Fleet Foxes, Real Estate, Panda Bear o Papercuts. Todo esto, claro está, con los matices y excepciones evidentes.

Guiadas por una voz para dar de comer aparte (arenosa, arrastrada, blues blanco y reverso femenino de Greg Dulli) y asentadas sobre un engranaje rítmico tan sencillo como efectivo (caja de ritmos y las superposiciones de la batería de Daniel J Franz), las diez canciones de ‘Teen Dream’ apabullan de entrada con un trío de belleza insultante (‘Zebra’, ‘Silver Soul’ y esa jodida slide guitar dislocada de ‘Norway’), rememoran la colaboración de Victoria con sus amigos Grizzly Bear en ‘Two Weeks’ (‘Walk In The Park’) y consiguen, en resumidas cuentas, envolverlo todo en una cadencia ralentizada, entre la pureza de Low, el trabajo con las texturas de My Bloody Valentine y la narcótica austeridad de Nico (ejemplares ’10 Miles Stereo’ y ‘Take Care’).

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