Caribou
Swim
Merge, 2010
A servidor, que el debut del señor Dan Snaith cuando el líder de los Dictators le dejaba llamarse Manitoba le parece un pedazo de disco aún no superado (hablamos de ‘Start Breaking My Heart’, mágico oasis de idm orgánica e hipnótica editado en 2001), este quinto largo, con el que recupera bastantes señas de identidad del pasado, le resulta un acierto y le deja dudas sobre tan tajante afirmación. Y es que, desde ‘Up In Flames’ (2003, Leaf), todavía con cierto deje electrónico (como los primeros Mercury Rev en un entorno ácido a la inglesa) y sobre todo el dueto compuesto por ‘The Milk Of Human Kindness’ (2005, Leaf) y ‘Andorra’ (2007, Merge), nuestro hombre se había lanzado de cabeza a una disfrutable revisión de la psicodelia-pop, la proto electrónica y el prog-rock de finales de los ’60, primeros ’70: The Beach Boys, Silver Apples, Neu!, Can, Soft Machine, The United States Of America, The Zombies… Visto así, se acerca a un listado de mis grupos favoritos de la época, pero siendo justos, había y hay gente que se lo monta mejor con estos elementos de partida. Vamos, que a mí Caribou me pone más cuando cruza todo esto con la electrónica y sus consecuencias. Y eso es a grandes rasgos ‘Swim’: la convergencia de sus tres facetas, la electrónica, la retro y la psicodélica.
Como el último de su sosias Four Tet, al que le unen muchos puntos en común, o el también notable ‘Black Noise’ de Pantha Du Prince (éste no tan pop), ‘Swim’ apuesta por una electrónica analógica y profunda, tan válida para la pista de baile como para la escucha horizontal. En el caso que nos ocupa, Dan comenta que para conseguir ese efecto naturalista en su música ha querido inspirarse en las sonoridades de procedencia acuática. Sin llegar a la perfección cíclica del ‘Biokinetics’ (1996, Chain Reaction) de Porter Ricks o a la orgía de melodías y avant-pop juguetón del ‘Autoditacker’ (1997, Too Pure) de Mouse On Mars, obras referente en lo que a sonido líquido se refiere (palabras mayores en ambos casos), Caribou conjuga los dos mundos, con altas dosis de psicodelia (‘Lalibela’), dub (‘Jamelia’), filtered house a la francesa (‘Sun’) o house puro y duro escuela Chicago (los pianos de ‘Bowls’ y el acid de ‘Hannibal’ son de libro) y tres dianas de caramelo selvático y multicolor (‘Odessa’, ‘Kaili’ y ‘Leave House’) que elevan, y mucho, la categoría de mi disco favorito del canadiense (recuerdan: ‘Dundas, Ontario’, hitazo) desde 2001.
Mikel M. Sanz, 04.04.2010