He de reconocer que la primera toma de contacto con el tercer álbum de Deerhunter resultó del todo decepcionante. Y es que la marcha del guitarrista Colin Mee ha dejado la puerta abierta a Bradford Cox para liderar el combo y dirigirlo hacia un indie-rock de sonoridades más amables. Algo así como un ‘Let The Blind Lead Those Who Can See But Cannot Feel’ cambiando el art-rock y el acabado casero de éste por una necesidad de agradar al oyente. La pregunta es si, una vez tomado el mando del grupo, vale la pena mantener en paralelo Atlas Sound y Deerhunter. La respuesta es contundente: sí.
Cualquiera que haya visitado el blog de Cox (lo recomiendo), habrá podido comprobar que es un tipo entrañable, entusiasmado con lo que hace y enamorado (esas sesiones que comparte en descarga directa) de la música. Esa misma pasión se traslada a su obra; lo hacía en su segundo disco y lo hace en este doble cd. Y, como antes apuntaba, tras varias escuchas, ésta acaba contagiándose al oyente.
Muchos han visto en ‘Microcastle’ la confirmación definitiva del quinteto de Atlanta como grupo a tener en cuenta. La luz que brillaba tras la oscuridad impenetrable de ‘Cryptograms’ se les presenta ahora en forma de canciones. Pero ni de coña. La realidad es que ningún tema de ‘Microcastle’ (y menos de su bonus cd ‘Weird Era Cont.’) supera la pegada de cortes como ‘Spring Hall Convert’, ‘Strange Lights’, ‘Hazel St.’ o ‘Heatherwood’. Así las cosas, se me ocurre que la media hora de krautrock y avant-rock precedente a la ristra de hits citada les hubiese echado para atrás en su momento, impidiéndoles llegar al imponente y melódico tramo final.
‘Microcastle’ / ‘Weird Era Cont.’ no es un mal disco, de hecho es un notable trabajo (sobre todo el primer volumen) que estará de nuevo entre lo mejor del año. Aunque su nueva manera de entender el rock conserva querencias del pasado (space-rock, shoegaze, noise-pop), éstas quedan recluidas en canciones estándar. Sigue siendo música oscura, urbana y sucia. Sólo así podría ser un cruce entre Phil Spector, The Cramps, The Jesus And Mary Chain, Spaceman 3, Joe Meek y The Velvet Underground. Como colección de canciones ‘Microcastle’ alcanza con creces las expectativas. El dream-pop vaporoso y arrastrado de ‘Agoraphobia’ (con la voz del guitarrista Lockett Pundt), el rock espacial e hipnótico de ‘Little Kids’ y el cierre ‘Twilight At Carbon Lake’, el patrón noise-pop de la segunda parte de ‘Cryptograms’ en ‘Never Stops’, el puente impresionista y arty de ‘Calvary Scars’, ‘Green Jacket’ y ‘Activa’, ese Sonic Youth goes krautrock que es ‘Nothig Ever Happenend’, los primeros Pavement con cuero y tupé en ‘These Hands’… Razones más que suficientes para seguir confiando en su enorme potencial.
Por su parte, ‘Weird Era Cont.’, deslavazado y caótico, no va más allá de un aceptable regalo con outtakes (el ‘baladeo rockanrollero’ de ‘Vox Humana’ y el interludio a lo Pet Sounds de ‘Moon with Cartridge’ no pasaron el corte de ‘Microcastle’), garabatos de canción (el garaje pysch-rock de ‘Dot Again’ no está mal) y experimentos fallidos (‘Ghost Outfit’, ‘Cicadas’, ‘Slow Swords’, ‘Weird Era’). ‘Blackspace Century’, ‘Vox Celeste’, ‘VHS Dream’ y ‘Focus Group’ intentan acercarse a los My Bloody Valentine de finales de los ’80, pero se quedan bastante lejos. Sólo la extensa ‘Calvary Scar II – Aux Out’ justifica el peaje previo, gracias a una versión a lo montaña rusa (subidas, bajadas, tensión interna) del tema del primer cd, con un rasgeo de guitarra 100% velvetiano y una coda ambiental acuosa y relajante. Una mala decisión que no tendremos muy en cuenta a la hora de poner la nota global.