JAMES BLAKE

James Blake

Por Mikel M. Sanz, publicado el 30.01.2011
Precedido por un estimable debut en formato corto en 2009, el año pasado fue al mismo tiempo el de la presentación y la consagración de James Blake. A aquel primerizo ‘Air & Lack Thereof’ (2009, Hemlock Recordings) le siguieron en 2010 el notable ‘The Bells Sketch’ (2010, Hessle Audio) y, entrando ya en el terreno de lo sobresaliente, ‘CMYK EP’ (2010, R&S), dubstep desde Detroit vía R&B, y ‘Klavierwerke EP’ (2010, R&S), monumental tratado de ambient minimalista, post dubstep, espacios abiertos y emoción. Semejante derroche de talento llevó a bastantes publicaciones de postín a incluir estos ep's agrupados en las listas de los álbumes ¿mande? destacados del año. Bueno, pues vale.

A cuatro meses de la edición de su último movimiento llega, ahora sí, el debut en largo del joven británico. Y nos topamos de nuevo con otro cambio de registro, no por anunciado (el adelanto en forma de cover de Feist) menos pronunciado que aquél. James se aferra a las teclas de su piano y a una voz desdibujada hasta la extenuación para escribir un trabajo de canciones pop. Lentas y arrastradas. Asfixiantes por parcas, pero canciones pop. La economía de medios, que deja a sus queridos The xx como unos apasionados de lo barroco, hace que cada brizna de sonido tenga un significado vital para la composición. Aunque eso, al fin y al cabo, ya lo sabíamos de antemano.

Sin embargo, el desconcierto, que puede traducirse en decepción en las primeras escuchas, aparece de inmediato si lo que esperabas era un ‘Klavierwerke’ extendido y mejorado. Y se multiplica cuando caes en la cuenta de que ‘Limit To Your Love’, que tenías unas semanas atrás por mero entretenimiento, se convierte en una de las piezas más brillantes de la partida. A pesar de todo esto (prejuicios en su mayoría) y del bajón en el tramo final, éste es un muy buen disco. Marcado por un ‘mood’ sombrío y una producción ejemplar, contenida y precisa, es posible que ‘Unluck’ te recuerde a una versión actualizada de Stevie Wonder, ‘Give Me My Month’ y la preciosa ‘Why Don't You Call Me’ a Antony Hegarty descubriendo la era digital y todo en general a señores tristes que tocan el piano a solas, pero el doloroso crescendo de ‘Wilhelms Scream’ (mi favorita), el soul crepuscular de ‘I Never Learnt to Share’, la sencillez folk de las dos partes de ‘Lindesfarne’, ese manual de cómo adaptar una canción ajena y mejorarla que es ‘Limit To Your Love’ y la perfecta paleta cromática de ‘I Mind’ no deben dejar lugar a la duda: grande otra vez.
|

© 2003-2012 avantfolk ezine | contato: info@avantfolk.org

Todos los contenidos distribuidos con licencia Creative Commons BY-NC-ND