MY BLOODY VALENTINE

EP's 1988-1991

Por Mikel M. Sanz, publicado el 26.05.2012

Existe un selecto grupo de artistas de aura mística que sabe conjugar un talento innato, una estética única e inimitable, una postura visionaria frente a la composición con altas dosis de carisma... y música. Música popular con mayúsculas. Estos iconos, que acudiendo a la frase hecha, no se pueden contar con los dedos de una mano pero sí con los de las tuyas y tres o cuatro amigos más, han dejado una huella imborrable en la cultura de la segunda mitad del siglo veinte. En este grupo entrarían, por poner sólo unos ejemplos, John Coltrane, The Velvet Underground, Brian Eno, Kraftwerk, Lee Perry, Joy Division, Larry Heard, Derrick May, Will Oldham, Disco Inferno o, claro está, My Bloody Valentine.

En un año de revisiones de clásicos de - más o menos - los ‘90 (que yo recuerde ya van retrospectivas de Hood, Codeine y Will Oldham) le ha tocado el turno al cuarteto irlandés en Creation. Poco queda que añadir a sus dos largos: ‘Isn’t Anything’ (1988, Creation) es una (la) obra maestra del shoegazing, movimiento que ellos mismos crearon y asesinaron con ‘Loveless’ (1991, Creation), posiblemente el mejor disco editado en los últimos 25 o 30 años. Estos dos álbumes han sido remasterizados por el propio Kevin Shields a partir de las cintas de bobina originales, con un extremo cuidado y cariño y demás monsergas, así que vayamos al meollo del asunto, que no es otro que este ‘EP’s 1988-1991’.

Presentado en formato doble cd y en estricto orden cronológico, el primer volumen contiene tres de los cuatro ep’s que el cuarteto sacó en el sello de Alan McGee. ‘You Made Me Realise’ (1988) traslada el noise-pop arty de Sonic Youth a las islas británicas, acentuando el carácter pop (el entorno C-86) del combo neoyorquino. Pese a ser el más flojo de los cuatro, sus señas de identidad ya están presentes. La mezcla de ruido y melodía, el tratamiento de las guitarras, el trabajo con las texturas. Pero ‘You Made Me Realise’ es importante como punto y aparte en su carrera: cualquiera que escuche, sin ir demasiado lejos, lo que estaban haciendo uno o dos años atrás durante su etapa en Lazy Records, creerá estar ante un grupo diferente. De hecho, así es. ‘Feed Me With Your Kiss’ (1988) complementa su álbum de debut, del que extraen la canción titular, llevando su cada vez más personal magma sonoro a un nuevo estadio de complejidad. Violencia y terciopelo.

Listos para alcanzar la gloria, sus siguientes pasos sacian las ansias de prensa, público y el propio McGee, que aguarda la llegada del segundo largo durante dos años, diecinueve estudios de grabación, otros tantos ingenieros de sonido y, dice la rumorología, 250.000 libras que casi llevan a la ruina al sello Creation. ‘Glider’ (1990), y esto aplica a todo lo que vendría, es Kevin Shields en solitario, encerrado en el estudio, intentando materializar lo que escucha dentro de su cabeza. De esta experiencia psicodélica, reflejo de la locura genial de eminencias “sixties” como Brian Wilson o Syd Barrett, surgen diamantes: ‘Soon’ (clausura de lo que será ‘Loveless’) cruza electrónica y noise-rock, shoegaze y madchester, en un bucle de perfección infinita. La titular ‘Glider’ es su reverso esquizofrénico. La cara b baja el listón con dos notables canciones, sobre todo la preciosa balada ‘Don’t Ask Why’. Ya en el segundo cd, ‘Tremolo’ (1991) dibuja, junto al posterior ‘Loveless’ (1991), la cima de My Bloody Valentine. Bautizado en referencia a la técnica usada por Shields, abusando del tremolo de la guitarra para extraer ese peculiar sonido líquido y desdibujado, aquí la enfermiza ‘To Here Knows Where’ conserva la coda que perdería en unos meses (puro Boards Of Canada). ‘Swallow’ apuesta por el acabado rítmico de ‘Soon’, pero tras una temporada en la India. ‘Honey Power’, la única de Bilinda Butcher, mantiene sin problemas el nivel impuesto por el jefe, insertando descargas de ruido en la composición más melódica y “radiable” del conjunto. La coda, de nuevo, sencilla y bella. Cierra el ep ‘Moon Song’, una debilidad personal que, como el resto de temas, parece la versión para seis cuerdas de “Los Relojes Blandos” de Dalí.

Completando la edición (que no redondeando), Sony añade los dos cortes instrumentales que en su día se regalaron en formato 7” con las primeras 5.000 copias de ‘Isn’t Anything’ (nada del otro mundo, la verdad) y la versión de diez minutos de ‘Glider’, cara b del remix de ‘Soon’ a cargo de Andrew Weatherall. Mejor sabor de boca deja ‘Sugar’, descarte de ‘Loveless’ incluido en un flexidisc editado en el ‘89 y ‘Angel’, uno de los tres inéditos que cierran un doble cd que, como toda la carrera de la banda del eterno retorno, ha marcado un antes y un después en el pop contemporáneo en general y en la música de guitarras muy en particular.

© 2003-2013 AVANTFOLK E-ZINE