Por increíble que parezca, la edición del segundo disco en solitario de Noah Lennox (dejamos a un lado su debut homónimo de 1998), ha logrado eclipsar la posterior aparición de la notable séptima entrega del colectivo animal (‘Strawberry Jam’, ya en Domino), su álbum más radiable de los publicados hasta la fecha, lejos de las bacanales de ácido, noise, krautrock, electrónica y psicodelia de ‘Spirit They're Gone, Spirit They've Vanished’ (Animal, 2000) y ‘Here Comes The Indian’ (Paw Tracks, 2003), el ambient cacofónico de ‘Danse Manatee’ (Catsup Plate, 2001), el folk para exploradores de fin de semana de ‘Campfire Songs’ (Catsup Plate, 2003), o sus dos cimas creativas, los compactos ‘Sung Tongs’ y ‘Feels’ (Fat Cat, en 2004 y 2005 respectivamente).
Y es que, el nuevo trabajo de Panda Bear, junto a Avey Tare núcleo duro de esa célula de interminables conexiones conocida como Animal Collective (seguir su ristra de colaboraciones, escapadas en solitario o grupo y tiradas limitadas resulta, cuanto menos, agotador), supera los límites de cualquier tipo de expectativa previa, posicionándose claramente como el mejor lp del presente curso, y uno de los más destacados de la década.
El secreto está en perfilar un diamante poco pulido, natural y orgánico, que suena clásico (la materia prima) y moderno (el método de composición) a la vez, sencillo en sus componentes pero barroco en su suma y que da gusto escuchar de principio a fin. A un acabado homogéneo que convierte ‘Person Pitch’ en una hermosa canción de 45 minutos (pese a que cinco de sus siete cortes han sido editados en diferentes formatos y versiones desde 2005), hay que añadir el punto exacto entre experimentación y accesibilidad que ha conseguido alcanzar Noah, algo realmente complicado en un cd con temas que pasan holgadamente los diez minutos de duración.
Abrimos boca con la minimalista ‘Comfy in Nautica’. Una esquelética base de coros, palmas y pirotecnia psicodélica reverberizada sirven a Noah para dibujar esas melodías vocales tan Beach Boys que inundan todo el disco. La hipnótica ‘Take Pills’ desnuda el proceso: su primer tramo emerge de un bucle del ‘Allways Coming Back to You’ del debut de Scott Walter y explosiona en una segunda parte con el marchamo de Joe Meek (The Tornados y su space lo-fi folk); caramelo antidepresivo. La joya del disco es sin duda ‘Bro's’. Sobre una fanfarria imparable prestada de nuevo por The Tornados, nuestro hombre se las ingenia para levantar un dilatado mecanismo pop (irresistibles armonías) del que es imposible bajarse. ‘I'm not’ (Syd Barrett on acid) hace de puente al otro gran tema del álbum (‘Good Girl/Carrots’). En él se concreta de manera ejemplar la metodología que sigue un dj a la hora de construir las sesiones, pero dentro de una sola canción. Con tres fases bien diferenciadas, Lennox ensambla los primeros minutos de poliritmia tribal tan Animal Collective con el drone-folk Brian Wilsoniano envuelto en efectos propios del dub (Lee Perry) del cuerpo central, rematando después la pieza con una coda que se lleva a los Kraftwerk primerizos a la costa californiana. Cierran esta auténtica obra de arte la ambiental ‘Search for Delicious’ (Brian Eno meets Boards of Canada) y la balada pop para playas desiertas ‘Ponytail’. A must.