SANTIAGO LATORRE
Eclíptica
Por Mikel M. Sanz, publicado el 13.11.2011
Aunque para muchos, entre los que me incluyo, ‘Eclíptica’ ha sido recibido como la presentación en sociedad de Santigo Latorre, nada más lejos de la realidad. Este músico barcelonés de espíritu nómada, además de venir componiendo música para cine, teatro y danza, debutó en 2008 en el sello americano Accretions. ‘Órbita’, así se llamó aquel disco, mostraba a un artista pivotando entre el free jazz, la improvisación y la electrónica. Visto con tres años de distancia y su segundo trabajo ya en las manos, la escucha de aquella sucesión de instantáneas sin un nexo claro acaba resultando algo fría y académica.
Sin ser ni mucho menos antagónicos (los mimbres siguen siendo los mismos), ‘Eclíptica’ se revela como una obra homogénea en la que se impone la calma, la meditación, la calidez y especialmente, la emoción. Por un lado hay un refinamiento y una maduración de su sonido. Por otra parte, una mayor concreción en la elección de los diversos lenguajes que Santiago maneja, así como la manera en que estos se entrelazan. La marcada orientación ambient del disco queda fijada desde la inicial ‘E1’, minimalismo cíclico escuela Brian Eno. En ‘E2’ el ritmo ceremonial es llevado por sedosas ráfagas de jazz mientras la niebla de la portada nos envuelve. ‘Si El Sol No Calienta’ es lo más parecido a una canción pop que hay en todo el álbum e introduce otra novedad, el uso de la voz como eje dentro de la composición. ‘E4’ rompe el estatismo casi mántrico de la primera parte con unos bellos fraseos de saxo y acordeón. La versión para piano, voz y grabaciones de campo de ‘Ban Ge Yue Liang’, un tema hongkonés de los años 50 que aparece, por ejemplo, en la película ‘The Wayward Cloud’ de Tsai Ming-liang, separa fases antes de un último tramo en el que, siempre mediante un acercamiento ambiental, predomina la electrónica. La enorme ‘E6’ va creciendo desde la deformidad hasta alcanzar el clímax en un épico y emotivo final orquestado. ‘E8’, entre el abatimiento y pequeños rayos de esperanza, hace las veces de despedida en un bucle sintético obsesivo. Palabras para hablar de un gran disco que es, sobre todas las cosas, un estado de ánimo.