SMALL BLACK
Small Black Ep
Por Mikel M. Sanz, publicado el 05.06.2010
Aunque alineados con otros primeros espadas de eso que empezó llamándose glo-fi o hypnagogic pop (¿mande?) y parece haberse asentado en su vertiente pop con la si cabe aún más desconcertante etiqueta de chillwave, lo de Small Black poco tiene que ver con las estimables propuestas de gente como Memory Tapes o los españoles Delorean y mucho menos todavía con la caspa ochentera para ascensores playeros de Toro Y Moi, Neon Indian y Washed Out. Nuevos románticos, synth-pop, balearic beats... miedo.
Small Black son un cuarteto de... joder, sí, Brooklyn, que si bien usan herramientas similares a las de los arriba citados (bases electrónicas descacharradas, sintetizadores añejos, voces arrastradas) y un background común (shoegaze, tecno-pop, psicodelia, dream-pop, lo-fi), lo aplican en unas composiciones, por momentos perfectas, que logran alejar de tu memoria abominables imágenes de hombreras gigantes y abanicos voladores.
Publicado el pasado 2009 en el diminuto sello Cass Club cuando Small Black era un dúo formado por Ryan Heyner y Josh Kolenik, ahora es reeditado por Jagjaguwar con dos temas más y dos nuevos miembros en nómina para el largo de debut (Juan Pieczanski y Jeff Curtin). El disco viene marcado por su hit 'Despicable Dogs', ya disponible en su primer siete pulgadas y remezclado por Washed Out en un split posterior. En esta canción se ejemplifica lo apuntado anteriormente. Esa gloriosa melodía vocal a lo New Order, las texturas deformadas y etéreas de My Bloody Valentine y el formato de grabación casera. Bajo estas premisas, ‘Weird Machines’ no llega tan alto, pero casi y ‘Bad Lover’ es Owen Ashworth (Casiotone For The Painfully Alone) haciendo una versión del grupo de Kevin Shields. El lado ensoñador que destila todo el minutaje se acrecenta en la preciosa ‘Pleasant Experience’, algo así como dream-pop hecho con maquinitas de segunda mano (viendo los videos que pululan en la red, su favorito es el modelo de Casio SK-5) y la más granulosa y arisca ‘Lady In The Wires’. Los dos cortes finales, precisamente los extras añadidos, sin estar fuera de lugar y manteniendo la misma estética, restan: ‘Kings Of Animals’ no pasa de un descarte de The Strokes grabado en un sótano de Williamsburg y ‘Baby Bird Pt.2’ de un rocambolesco puzle inconexo y poco afortunado.