úRSULA
Mejor Seguir Al Silencio
Por Mikel M. Sanz, publicado el 13.07.2009
Corría el año 1994 cuando el sello Virgin editaba en su serie de música ambiental el cuarto y último volumen, bajo la enigmática etiqueta de ‘Ambient 4: Isolationism’. En sus capítulos anteriores, algunos de los clásicos de la música para aeropuertos, básicamente los artistas en nómina del label inglés, habían moldeado unos discos bastante obvios pero con piezas ineludibles: desde diversas apariciones del mismo Brian Eno y amigos, pasando por planeadores de la talla de Tangerine Dream, Hawkwind o Gong. Con esta última recopilación, se daba a conocer el lado más duro del género, distanciándose así del estándar contemporáneo impuesto por proyectos como The Orb, The KLF o The Future Sound of London y dando el testigo a grupos experimentales, post-rock mayoritariamente, poco dados a las concesiones.
‘Mejor Seguir Al Silencio’, cuarto salto al vacío (el más temerario hasta la fecha) de David Cordero, parece seguir, ya desde la portada, esa máxima de introspección, de entornos lunares, desérticos y solitarios que guio las carreras de Main, Labradford o Scorn y algunos momentos puntuales de las de Disco Inferno o Seefeel, todos integrantes del doble disco que, por significativo de un modo de hacer (prefiero de largo sus álbumes) nos ha servido de introducción. Sí, no sólo de Stars Of The Lid vive el drone ambient… y tampoco Úrsula, definitivamente con tilde.
Entrando en materia, la vuelta del ahora dúo al sello que editó sus dos primeros trabajos viene precedida por alguna que otra pista del camino que iban a tomar. Ciertos temas de su cd ‘Autoayuda Emocional’ (2005, Lejos Discos) y sobre todo el ep para Moonpalace del año pasado, ‘Cuando No Hay Nada Que Decir’, ya miraban a una música pausada y descriptiva, volcada en la composición de paisajes más que de canciones. Con un artwork de Monika Herodotou, primo hermano (ya no sólo en diseño, también en contenido) del que la jefa de Lampse hizo para el ‘Le Fumeur De Ciel’ de Julien Neto, el nuevo largo de Úrsula se abre con ‘Puedo Y No Quiero’ (verán que en cuestión de títulos nada ha cambiado). Tras arrancar con un motivo melódico a lo Boards Of Canada y una tímida rítmica a base de micro-sonidos, el corte se ve envuelto en un oleaje de capas de guitarras y notas de piano. La voz, en esta ocasión casi testimonial -sólo tres cortes- acude a la conocida temática derrotista (corta venas para los más sensacionalistas) del andaluz. Eso sí, cuando lo hace, no se va por las ramas: tremenda ‘Fuerza Mayor’, la más pop del lote. Pop con todas las comillas que se les ocurran, claro. El delay infinito a las seis cuerdas y el imprescindible trabajo de bajura que recorre el disco (ritmos en segundo plano y unos bajos que son casi media composición) convierten a ‘Detalles Sin Importancia’ y ‘De Perdidos Al Río’ en pequeñas sinfonías para un mañana mejor. Tres cuartos de lo mismo en el neoclasicismo (Arvo Pärt) de las muy Stars Of The Lid ‘Maravilloso Miedo’ y ‘Desviaciones Morales’. La coda rugosa que la cierra marca la diferencia en ‘La Minoría Silenciosa’: su acabado ruidista, menos pulido, apunta al modus operandi del ambient post de los noventa. ‘A La Mañana Siguiente’, apenas adornado, hace las veces de adiós con su vaivén sonoro. En esencia, no anda demasiado alejado del Brian Eno de los primeros ochenta.
‘Mejor seguir al silencio’ es una obra cómplice de conclusiones precipitadas y erróneas. Es en su profundidad (recomendable volumen alto) y hermetismo donde se halla la clave para romper esa barrera inicial, predisposición lo llaman, y disfrutar de lo que podríamos bautizar como paisajismo emocional.