Cuando por estas mismas fechas del pasado 2009 descubríamos a Woods y por ende al sello y a las bandas que auspicia bajo buen cobijo su líder Jeremy Earl, lo hacíamos con un largo (‘Songs Of Shame’) al que sólo le podíamos poner una pega: el tema ‘September With Pete’, diez minutos de jam psicodélica sin ton ni son que te cortaban el rollo justo en medio de una colección de canciones por momentos sobresaliente. Parece que el combo neoyorquino ha tomado buena nota y en su quinto álbum ha ido directamente al grano.
‘At Echo Lake’ recoge lo mejor de su salto al estrellato independiente americano (esto es, las canciones), les da una producción robusta y firme y deja a un lado unas idas de olla más propias de su etapa pre ‘Songs Of Shame’.
Así las cosas, su última entrega se revela como la más sólida hasta la fecha, ideal para entrar en contacto con el universo Woods. Un universo de baja fidelidad, indie-rock 100% americano (‘Death Rattles’) y pysch-folk rock sesentero costa oeste (la suciedad garajera de ‘I Was Gone’ y ‘Get Back’) para alinear junto a compañeros de andanzas como Ganglians, Real Estate y, ojito al tremendo disco de debut en Captured Tracks del que hablaremos en breve, Beach Fossils.
En resumidas cuentas, treinta minutos escasos que sintetizan la quintaesencia de su sonido, que abarca desde certeras dianas de indie-pop efusivo (‘Suffering Season’) a puntuales experimentos de psicodelia incidental (‘From The Horn’ empieza casi exactamente igual que ‘Eight Miles High’). Entre progresiones muy The Byrds con descargas de electricidad a lo J Mascis (‘Blood Dries Darker’) o el Neil Young campestre haciendo migas con el lo-fi cacofónico de The Microphones (‘Pick Up’, ‘Time Fading Lines’, ‘Till The Sun Rips’), Woods afianzan un factor diferencial ganado a pulso.